jueves 13/5/21

Madrid, imán para el talento y los euros

terraza madrid

Con un desparpajo insolente, con bastante mala uva y, lo más relevante, sin fundamento alguno, diversos dirigentes nacionalistas y otros lobbies que navegan en las mismas aguas se refieren a Madrid generalmente como paraíso fiscal, por supuesto intolerable y perseguible; y esto, por las políticas aplicadas por el Partido Popular, especialmente en la Comunidad, que han pasado y pasan por mantener la menor presión impositiva posible y aceptable sobre el contribuyente.

            Así, poco sorprende que hayan recalado en los últimos tiempos, en la Autonomía que más riqueza crea de España, un centenar de fortunas no residentes. La clave fue un cambio legal aprobado en 2015 que habilitó la posibilidad de que estas personas tributaran en el Impuesto de Patrimonio por la regla autonómica y no sólo por la estatal; se trataba y se trata, especialmente, de españoles residentes en el extranjero y extranjeros titulares de bienes o derechos situados en territorio español o que han adquirido la residencia fiscal.

Ya Rajoy modificó la norma para que los no residentes con residencia en la Unión Europea o en algún país del Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) pudieran acogerse a la norma específica de la Comunidad donde radicara la mayor parte de su patrimonio, en lugar de tener que tributar según lo dispuesto en la normativa estatal, como venía sucediendo hasta entonces. Poco extraña, por tanto, que el 65% del incremento potencial de recaudación generado por aquel cambio se haya concentrado en Madrid.

NO. No hay aquí una cuestión de fondo de trincheras políticas o ideológicas, mucho menos partidistas. Hay, en esencia, modelos económicos por los que se apuesta y que dan unos resultados como retorno, mientras que otros no. La idea de que estrangular al contribuyente (no sólo al rico, también a las clases medias) hace posible un mejor Estado del bienestar es una falacia, en la medida en que ese camino vacía los bolsillos del ciudadano y le inhabilita completamente como consumidor demoliendo su capacidad adquisitiva.

Madrid, en modo smart, lleva un tiempo apostando por un paradigma de presión fiscal selectiva y razonable: se crea riqueza, se llena la caja de todos y, por supuesto, se hace posible el mantenimiento, bien engrasado, de toda la maquinaria que siempre, bajo toda circunstancia, debe estar preparada para ofrecer servicios públicos esenciales al mejor nivel. 

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