miércoles 23/6/21

Lemadla y la jurisdicción universal de la Audiencia Nacional

Audiencia Nacional

En las dos últimas décadas, la Audiencia Nacional ha estado en el primer plano de sonados casos no sólo de corrupción nacional sino de política internacional; entre otras razones, por la persecución que ha llevado a cabo contra dirigentes que han perpetrado horribles crímenes de lesa humanidad y a los que se ha pretendido, con diversa suerte, enjuiciar. Basta mirar por el retrovisor para acordarse del ‘caso Pinochet’ y las actuaciones del hoy abogado Baltasar Garzón.

Sin embargo, en esta jurisdicción universal que responde a un principio de solidaridad y de defensa de los derechos humanos que considera que delitos de extrema gravedad han de poder ser enjuiciados por cualquier tribunal, ¿no hay una doble vara de medir?

En los últimos días, y precisamente en las puertas de la Audiencia hemos visto y escuchado el grito de Lemadla, una saharaui, residente en España desde hace décadas, que pide Justicia. La pide porque Ghali, el jefe del Polisario, ha sido internado y protegido en un hospital de Logroño. Y esta ‘española’ considera que debería ser detenido por las atrocidades de las que está acusado, entre otras, la desaparición, previa tortura, de su padre, al que nunca conoció.

Son muchas las víctimas que el jefe del Polisario tiene a sus espaldas, o al menos las acusaciones de hechos gravísimos. Y esas víctimas, las canarias a la cabeza, han pedido que no se le deje escapar sin ser procesado para esclarecer los atentados que se le imputan.

Los damnificados tienen nombre y apellidos, y se preguntan cómo es posible que se haya permitido la entrada cuasi-clandestinamente para un tratamiento médico a quien es presunto autor intelectual e incluso material de acciones diabólicas, incluidos ametrallamientos o secuestros, también en alta mar y de marineros españoles, especialmente en los años setenta y ochenta. ¿Habrá voluntad de hacer justicia, de reparación para las víctimas del Polisario? ¿No merecen, también ellas, memoria y dignidad?

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