Lunes 17.06.2019
La Audiencia analiza el recurso del Major

La justicia desoyó la oferta de Trapero de actuar contra los secesionistas

El ex máximo responsable policial de los mossos insiste en que no es un sedicioso, que nunca se negó a acatar órdenes de jueces y fiscales y que fue la fiscalía la que le apartó de la seguridad ciudadana del 1-O. La guardia civil dice tener pruebas de todo lo contrario

José Luis Trapero. Imagen de archivo
José Luis Trapero. Imagen de archivo

“A Trapero le trataron de humillar. Policía y Guardia Civil se la tenían jurada. Y el ministro Català le consideraba un títere al servicio de Puigdemont”. De esta forma ha querido resumir un veterano comisario de los Mossos d´Esquadra la situación a la que se tuvo que enfrentar durante el segundo semestre del 2017 el Major de los Mossos, José Luis Trapero, actualmente acusado de sedición.

Objetivo: humillar a Trapero

En conversaciones con este medio, el comisario pone el acento en el hecho de que “en una performance perfectamente diseñada, el  23 de septiembre pasado, el fiscal jefe Romero de Tejada siguiendo las órdenes del Ministro de Justicia, Rafael Catalá y del Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, retiró a Trapero del mando de la seguridad ciudadana y del orden público ante la celebración del referéndum del 1-0.

Ésa fue la única orden directa que Trapero recibió de la autoridad judicial. Dos meses después, cuando el Major les dijo que naturalmente acataría todas las órdenes, ¡todas! -enfatiza el comisario-, que recibiese de jueces y fiscales, ni jueces ni fiscales le ordenaron nada. Trapero ya había sido sentenciado. Ya estaba amortizado. Misión cumplida”.

El sentir de este comisario coincide con la opinión de diversos mandos de la policía autonómica vinculados con la anterior y también con el actual staff directivo de los mossos.  

La guardia civil insiste: Trapero sedicioso

Por su parte, la guardia civil, en diversos y pormenorizados informes, señala todo lo contrario. Habla de Josep Lluís Trapero como un “mando al servicio de la insurrección, que se puso de perfil cuando tocó buscar urnas y papeletas y que mintió cuando trató de aparentar que estaba del lado de la ley”. 

La guardia civil repasa y rememora en varios de esos informes los hechos del día 20 de septiembre cuando una comitiva judicial quedó encerrada en la Consejería de Economía por una multitud arengada por los líderes independentistas. Dos coches de la guardia civil fueron destrozados.

Para la guardia civil, la cabeza de Trapero se situó en el centro de la diana desde el momento en que, aquel día, a través del celular de quien entonces era presidente de la ANC, Jordi Sánchez, el Major trató de hablar con el guardia civil que acompañaba a la comitiva judicial y éste le dijo taxativo, fulminante…: “Yo no tengo nada que hablar con usted. Si quiere hablar con alguien, hágalo con su excelencia el General jefe de la Zona de la Guardia Civil”.  Eso fue una bofetada en toda regla,  premonitoria, como la que recibió cuando Romero de Tejeda le supeditó al coronel De los Cobos.

¿Desobediencia?

Trapero nunca verbalizó su negativa a acatar las órdenes dictadas. Para muchos, la actitud de los mossos durante el 1-O es un claro ejemplo de desacato. Sin embargo, a pesar de la insistencia de la Guardia civil, ningún juez o fiscal ha calificado de prevaricadora, negligente o desobediente la actitud de la policía autonómica aquel día.  

Fuentes del instituto armado conocen el argumento exculpatorio que Trapero, a través de sus abogados, ha trasladado a la Audiencia Nacional que ya ha anunciado que le va a llevar a juicio. Dicen que no es más que una cortina de humo, una especie de coartada que fabricó el ex jefe de los mossos para cuando vinieran mal dadas.

Sin embargo, ahora, con la perspectiva que da el tiempo, algunos observadores políticos y expertos en seguridad coinciden en que el Estado y su aparato judicial, perdieron una fenomenal oportunidad de minar al “insurrecto” sector político y social independentista cuando no utilizaron a los mossos para frenar actitudes que luego acabarían siendo tildadas de rebeldes o sediciosas. 

“Dar protagonismo a los mossos en la persecución de Puigdemont y compañía hubiera desgastado al enemigo”, ha dicho un doctor en derecho penal que acostumbra a trabajar para el Ministerio del Interior.