miércoles 19/1/22

La avalancha de inmigrantes en la frontera entre Bielorrusia y Polonia no es tan solo una crisis migratoria: se trata, sobre todo, de un acto de guerra híbrida. El régimen autoritario de Aleksander Lukashenko utiliza como arma a personas que huyen de un territorio en guerra, personas a quienes empuja a cruzar ilegalmente la frontera y quienes les impide luego retroceder.

El objetivo es aumentar la presión sobre Polonia y provocar, de este modo, la división interna de la Unión Europea. No obstante, la estrategia de Lukashenko no se detiene en el país centroeuropeo: también Lituania y Letonia llevan meses sufriendo un hostigamiento similar. 

El ataque contra Polonia, Letonia y Lituania no es casual. Además de miembros de la UE y de la OTAN, estos países son los más vehementes en su batalla contra un Lukashenko que sigue aferrado al poder tras el fraude electoral de agosto de 2020.

Para la consecución de su propósito, el dictador bielorruso ha demostrado que es capaz de traspasar cualquier límite. Además de reprimir a su propio pueblo, Lukashenko ha llegado a ordenar el secuestro de un vuelo de Ryanair, con la excusa de una falsa amenaza, con tal de detener a un joven opositor de 26 años. 

Las maniobras de Lukashenko en la frontera oriental de la UE no pueden considerarse un hecho aislado, sino que forman parte de la creciente escalada de tensión entre Rusia y Occidente, desencadenada tras la anexión ilegal de Crimea en 2014. Nadie entiende que Lukashenko esté lanzando este ataque por libre, sin contar con la connivencia de un Vladimir Putin que no ha dudado en respaldar públicamente a su aliado.

Por su parte, el Kremlin también está aumentando la presión sobre la UE, al acumular tropas cerca de la frontera con Ucrania, el gran aliado de Bruselas en el espacio postsoviético.

Los ataques de guerra híbrida no han dejado de aumentar en los últimos años. Estos son más difusos y se prestan a una negación plausible por parte del agresor, lo cual dificulta la defensa y eventual respuesta. Para evitar en un futuro situaciones como las de Ceuta y Polonia, es fundamental reconocer que se trata de actos hostiles, de los que es necesario defenderse, y no tan solo de una crisis migratoria.

Por lo tanto, la respuesta en estas circunstancias no puede ser exclusivamente humanitaria, sino que ha de ser también geopolítica. La mejor forma de salvar las vidas de los inmigrantes no es atendiéndolos en la frontera, sino evitando que sean utilizados como armas por parte de regímenes autoritarios.

Dado que estas crisis ponen de manifiesto que ningún país tiene la capacidad de defenderse por sí mismo, la solución radica en una Europa unida y con capacidad de actuación y credibilidad en el ámbito internacional. Una ardua tarea, especialmente por el auge del populismo que, en ambos extremos del espectro ideológico, tiene a Bruselas en la diana de sus críticas.

Por eso es más necesario que nunca explicar a la sociedad la necesidad de defenderse y de hacerlo a través de la UE y de la OTAN. Solo así nos protegeremos y protegeremos la vida de miles de inmigrantes, al evitar que sean usados como armas.

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