miércoles 23/6/21

Los ingleses de Benidorm en tiempos del covid-19

Puede proclamarse con la boca más grande o más pequeña, porque casi cada español tiene su propia experiencia, pero Benidorm es en el último siglo una de las referencias turísticas del Mediterráneo: en España y más allá, por circunstancias tan evidentes y simbólicas que vale poco la pena recrearse en ellas.

            Por ello, y ya va año y medio, las familias que viven del turismo están pasando un mal trago que no terminan de superar, incluidos los expatriados británicos que montaron negocios hosteleros en nuestra costa. Hasta tal extremo alcanza el drama que se han visto empujados a recurrir a la caridad, a vivir de los bancos de alimentos, la solidaridad y la generosidad ajena.

            Es terrible. Han sido residentes legales durante años, han trabajado duro, han pagado sus impuestos… y ahora están a un paso de vivir en la calle.  El desastre no está admitiendo paliativos y la propia Asociación Británica de Empresas de Benidorm ha constatado en primera persona que en el área de Little England sólo se ven letreros de ‘se vende’ y ‘se alquila’: está completamente muerta.

            No son pocas las ocasiones en las que se ha denunciado, y con razón, la plaga del turismo de borrachera. Ha sido también muy constante el debate sobre la necesidad de elevar la calidad de nuestro turismo (y hacerlo más exigente, orientado al lujo), para beneficio del sector y de nuestra propia imagen y marca como país.

            Ahora bien, en un momento en el que no hay siquiera dinero para gasolina con la que arrancar el coche y llevar a una niña hasta el colegio, como le está ocurriendo a numerosas familias, esas disquisiciones son puros pies de página. La letra relevante, los titulares, son los que empujan a un país entero (todavía) a tomar acciones en socorro de los más vulnerables, los que durante tantos lustros han ayudado (muchos inmigrantes) a crear un país culturalmente más rico y económicamente más próspero. Ahí estamos.

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