miércoles 14/4/21

Estrella Digital

González Laya pide continuar la lucha contra la xenofobia y discriminación

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, ha subrayado este martes que "la xenofobia, la discriminación y el antisemitismo" siguen presentes hoy, por lo que es preciso "continuar la lucha con mayor esfuerzo y determinación"

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González Laya se ha expresado así en un acto celebrado en la sede del Ministerio como parte del Mes de la Memoria del Holocausto que organiza el Centro Sefarad-Israel.

Con motivo del 75 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, el centro ha organizado un encuentro con Annette Cabelli, una griega sefardí que sufrió la persecución de los nazis en la antigua Yugoslavia y fue internada junto con su familia en Auschwitz en 1942.

Ahora, esta mujer menuda de 94 años recorre el mundo recordando el horror vivido, la pérdida de toda su familia, el trato degradante de los soldados y la durísima vida en el campo de concentración, que sobrevivió "de milagro".

Cabelli nació en 1925 en Salónica (Grecia), en el seno de una familia sefardí en la que se hablaba español antiguo -ladino-, que fue su lengua materna hasta que comenzó la escuela.

La vida en Salónica cambió el día en que los alemanes ocuparon Grecia y los judíos fueron obligados a realizar trabajos forzosos, fueron confinado en guetos y obligados a identificarse con la estrella de David.

Con apenas 17 años fue deportada a Auschwitz junto a toda su familia, donde separaron a los débiles -niños, mujeres y ancianos- de los sanos que podían trabajar. Así fue como perdió a su madre y casi toda su familia.

Nada más llegar, los prisioneros eran marcados con un número en el antebrazo, un proceso doloroso en el que "cuanto más chillábamos, más placer tenían en hacer los números más grandes", recuerda con voz firme pero entrecortada, subiéndose la manga del jersey para enseñarlos a un público que la escucha en silencio.

"Lo peor es que nos llevan a los baños, nos cortan el pelo y nos hacen una ducha y nos ponen agua fría y nosotras gritábamos y después agua caliente y para ellos era una diversión".

"En este momento perdimos todo lo que era humano, perdimos la dignidad", recuerda.

Tras trabajar durante un año en un "hospital sin médicos, solo enfermos", Cabelli contrae el tifus y, a medio sanar, se la llevan a trabajar a una "fábrica de bombas" donde se encuentra de nuevo con uno de sus hermanos.

Auschwitz fue liberado finalmente por el ejército soviético el 27 de enero de 1945, aunque Cabelli había abandonado días antes el campo, ya que, ante el miedo de ser capturados, los nazis trasladaron forzosamente a unos 60.000 prisioneros a otros campos de concentración en lo que se conoce como "las marchas de la muerte".

Fue obligada a caminar sin descanso hasta la frontera alemana, pasando por dos campos de concentración más, Ravensbrück y Malchow -a 90 y 70 kilómetros de Berlín, respectivamente-, antes de ser definitivamente liberada el 2 de mayo de 1945.

Cabelli recuerda días y días de camino y cómo, en una ocasión tras caminar toda la noche llegaron un grupo de ex-prisioneros a una granja donde vivía una mujer.

"Señora no tenga miedo, queremos reposar", recuerda que le dijo. "Abrió la puerta de un edificio donde había patatas y ya no dormimos; teníamos que comer patatas. Crudas y sin lavar, pero patatas".

Cabelli explica que a lo largo de todo este tiempo nunca lloró, sólo mucho después, al llegar a París "entonces fue que empecé a llorar, estaba siempre llorando".

Tras contar su historia, Cabelli se ha animado a cantar algunas canciones españolas que aprendió oyendo a su madre, como la canción "Los piconeros" que popularizó Imperio Argentina en la película "Carmen la de Triana", que recuerda ver en el cine de Salónica cuando era niña.

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