sábado 8/5/21

Estrella Digital

EDITORIAL

¡Por fin! El ocio nocturno, defendido en Europa

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Bárbaros los hay en todos los negocios. Probablemente en unos más que en otros, sí. Pero la campaña de estigmatización y hasta criminalización que ha padecido y sigue sufriendo el ocio nocturno en nuestro país -sus empresarios, principalmente, más que sus trabajadores y hasta sus usuarios- no conoce precedentes.

            No sólo se ha prohibido el trabajo en muchos casos sin base científica para hacerlo, a pesar de que los locales respetasen escrupulosamente las medidas anti-covid19, sino que se les ha culpado de ser peligrosos focos de contagio… ¡hasta con la persiana echada! Por supuesto, la administración pública le ha dado la espalda a sus promotores, y los políticos no han pensado en las ayudas (tan necesarias siempre) para un sector -sin paños calientes- arruinado. Al contrario: se han cruzado, indolentemente, de brazos.

            Por fin, la presión ejercida desde la principal plataforma que agrupa a los bares de copas y las salas de baile, Spain Night Life, y a través de su presidente, Tito Pajares, ha surtido efecto. ¡Algo es algo! Así, desde el Grupo Parlamentario Popular se ha preguntado a la Comisión Europea qué actuaciones prevé acometer para extender el plan de rescate económico (a través de acciones directas, impositivas y exenciones fiscales) no sólo para el sector del ocio nocturno sino para el tan relevante y dinámico de la música en directo.

            Por supuesto que en todo el viejo continente mantener la viabilidad y la supervivencia de los espectáculos es crucial. El daño económico ya encajado puede ser irreparable para un sector que genera una riqueza y un empleo brutal, y que tiene una vinculación directa con la industria cultural. Sin embargo, no nos engañemos: esta cultura en países como Noruega, Finlandia, Dinamarca o Austria en absoluto tiene el grado de desarrollo y vigor que en países calientes, de la ribera sur, como España o Italia.   

            No. No se trata frívolamente de imponer y llevar a primer plano la necesidad rabiosa de volver a las discotecas o al desenfreno. Es algo mucho más serio, estratégico y humano. Hay decenas de miles de familias no empobrecidas sino en riesgo de exclusión social. No merecen ser olvidadas ni que se les deje tiradas, como ahora se encuentran, en la cuneta de la desesperación. Y resulta dramático y exasperante que deban ser las autoridades europeas, y no las españolas, quienes pongan un poco de luz y de responsabilidad en un problema de colosal envergadura. ¿De verdad no lo vemos?

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