lunes 12/4/21

Estrella Digital

Editorial

El Fiasco del Ingreso Mínimo Vital

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Hasta hoy, en un país que no bordea sino que ha entrado de lleno en una etapa de emergencia social, se han aprobado menos del 15% de solicitudes para acceder al Ingreso Mínimo Vital. Uno de los grandes problemas de este país no es el tamaño excesivo del Estado sino la falta de eficiencia y capacidad para la gestión. Ha ocurrido en la tramitación de los ERTES, está pasando con el desastre sin paliativos del SEPE… y ese descontrol está llegando, sin excepción, a golpear a las personas más desfavorecidas: un auténtico drama.  

En las últimas horas y días hemos sido testigos de cómo familias enteras han revelado que se encuentran hundidas, desmoralizadas, desesperadas tras ver cómo la Seguridad Social rechaza sus expedientes tras medio año esperando. Hablamos de entornos en los que hay menores y en los que se está en el muy lamentable umbral de la miseria: un fracaso total.

No es de extrañar que se siembre el populismo, sea del signo ideológico que sea, cuando capas sociales enteras comprueban la parálisis de las instituciones y los organismos que deberían estar ayudando a mitigar tanto mazazo económico y, al tiempo, están observando incrédulas cómo los diputados, por citar un ejemplo, se suben de manera incomprensible y, sobre todo, indigna y obscena, el sueldo.

Es absurdo e insultante aplicar engoladamente una reorganización de la estructura gubernamental, como se hizo al inicio de esta legislatura, presentando pomposamente un Ministerio de Inclusión cuando ese departamento deja tirados a tantos y tantos españoles: unos quedan en el limbo administrativo, otros se dan de cabeza contra entornos webs que, sencillamente, no funcionan o desatienden…

No es propio de una potencia desarrollada sino de una nación bananera el que sus ciudadanos se estrellen y amarguen volcando sus quejas en las redes sociales cuando la Administración, directamente, o no está plenamente operativa o comete muchísimos fallos; siempre contra los mismos, contra los más desfavorecidos, contra aquellos hacia los que los populistas que hoy ocupan puestos en el poder tienen simplemente gestos retóricos, palabras o, peor, palabrería. Se están quemando, ya en el inicio de esta crisis, demasiadas tablas de salvación. Y, como colectivo, lo pagaremos caro.

 

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