martes 24/11/20
EDITORIAL

El feminismo de boquilla es la peor forma de machismo

La guerra interna en Podemos y sus diversas facciones o confluencias ha desembocado en un episodio tan deplorable como, por otra parte, esperado. Irene Montero, ministra de Igualdad, ha justificado la expulsión de su colega y correligionaria, la andaluza, Teresa Rodríguez, del grupo del Parlamento autonómico durante su baja por maternidad aferrándose a un argumento tan cochambroso como insultante: “la política no para mientras estamos de permiso”.

La cartera de Igualdad no sólo es regada con un generosísimo presupuesto, la elevación de este área a la categoría ministerial no sólo es dudoso que sea imprescindible… pero, por encima de estas consideraciones, lo capital es que la titular del ramo no puede hacer manifestaciones que agredan a las mujeres, de la misma manera que el titular de Agricultura de ninguna forma debería agredir a los agricultores y atacar sus intereses. “Yo he tenido dos embarazos muy seguidos…”, ha referido Montero para estropear más si cabe sus inauditas aseveraciones.

Algo positivo tiene este capítulo. Las caretas, antes o después, se caen. Hay políticas que dejan a las claras que anteponen sus guerras de poder y sus rivalidades personales a la defensa de los derechos fundamentales y a las luchas verdaderamente relevantes, como la de la mujer por conquistar la Igualdad real en los tiempos que corren.

Precisamente porque la tarea colectiva de evitar la discriminación y de combatir toda manifestación de machismo es tan prioritaria, es tan crucial, sobran, por inoportunas y repelentes, por ofensivas y lamentables, declaraciones como las que ha hecho una ministra que ha acreditado, visceralmente, que su defensa del feminismo es de boquilla, y que sus prioridades auténticas, a la hora de la verdad, son otras: más prosaicas y, dado el contexto, espurias.

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