lunes 12/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

España, país de camareros (a mucha honra)

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Una debacle sin precedentes desde la guerra civil. No se trata de ninguna hipérbole o una imagen recurrente que, con los números en la mano, en modo alguno se ajusta a la realidad. Es el mármol frío cayendo para dar sepultura a un sector, el de la hostelería, que ha perdido prácticamente el 45% de sus ingresos y, en el último año, ha recortado nuestra creación de riqueza como país, el PIB, en prácticamente cinco puntos.

            El desplome de los refrescos y el vino, de los licores y la cerveza es total; las ventas están en el sótano y las ayudas, dada su ausencia, terminan por dibujar un panorama aterrador, desolador, desmoralizador; por mucha esperanza que se quiera buscar, por positivo que sea el espíritu con el que se pretenda afrontar esta insólita estadística de infarto. ¿Por qué?

            La razón es sencilla y difícilmente neutralizable. Cuando se relajen las restricciones, cuando cesen las prohibiciones, cuando la distancia de seguridad no se mida, centímetro a centímetro, por el riesgo de infección y muerte… ¿cómo será la curva de la recuperación? ¿cuál su fuerza? ¿cuál su horizonte temporal?  

            Bares y cafeterías, hoteles y restaurantes… España es un país que tiene un enclave estratégico privilegiado y un clima envidiable en el mundo entero (no, no es una frase hecha). Precisamente por ello, ha sido catalogado el nuestro, en no pocas ocasiones de manera despectiva e incluso por muchos de nuestros políticos, como un país de camareros. El calificativo, usado de manera incluso denigrante, no sólo es injusto sino que hoy se revela en extremo improcedente, por su carácter errático, funesto.

            A mucha honra, en nuestra nación se puede disfrutar de un modo de vida, de un estilo mediterráneo abierto, latino, sociable; por quienes la habitamos y por quienes nos visitan, lo buscan y lo saborean. Es todo lo que estamos perdiendo, en muchos casos para siempre. Y es todo lo que nos hace más que nunca poner en valor -por la ruina que padecemos- a todos cuantos hacen grande, cada día, con su oficio y su tesón, los negocios hosteleros.

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