jueves 15/4/21

Estrella Digital

¿No es España una democracia plena?

El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias

 La política funciona a base de titulares. El más sonado de las últimas semanas es quizá el protagonizado por Pablo Iglesias, con esa afirmación de que “en España no hay una situación de normalidad democrática”. En ese sentido, yo me pregunto cómo ha sido posible que hayamos sobrevivido durante cuarenta años en democracia sin el mesías Pablo Iglesias, que enseñarnos qué es democracia y qué no.

            Ya de entrada, escuchar lecciones de este tipo de alguien cuyo modelo son los principales regímenes dictatoriales del planeta no deja de sonar a chiste; o cuya ideología es responsable de las matanzas más atroces de la historia de la humanidad. Simplemente eso, el hecho de que pueda expresarse libremente e, incluso, sentarse todos los martes en el Consejo de Ministros, es ya prueba irrefutable de que su propia afirmación es un sinsentido.

            En todo caso, me gustaría que explicase cómo haría él para normalizar la democracia española: tirando de su historial, de las declaraciones que ha hecho anteriormente y de los países que ha dicho considerar modelos hacia los que debemos tender, no soy capaz de imaginarme el ideal de democracia que tiene el segundo de a bordo de Sánchez. Porque propuestas como silenciar al disidente y a los medios que no le bailan el agua, o alentar la violencia en las calles, o hacer de la Justicia un títere del Gobierno no me parecen rasgos de una democracia.

            Quizá le gustaría más que nos pareciésemos a Rusia, o a Venezuela, o a Corea del Norte. O a Cuba.  No vendría mal que Pablo Iglesias nos explicitara si considera que estos países son auténticos modelos democráticos y los rankings, como el elaborado por The Economist, se equivocan al colocarlos en los últimos puestos.

            Eso sí, siendo realista, tampoco es todo color de rosa. No puedo estar más en desacuerdo con Pablo Iglesias cuando afirma que España no es una democracia plena. Pero ello no quita para que en la democracia española —y en todas las del mundo— existan imperfecciones que deben ser progresivamente corregidas. Y en nuestro caso, el mayor paso hacia la perfección democrática que se puede dar sería reforzar la separación de poderes, especialmente la independencia del Judicial. Empecemos por ahí…

 

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