domingo 11/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

¿Era necesario ahora el ‘manguerazo’ sindical?

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            Es obvio que en época de vacas flacas se impone, por parte de quienes tienen la obligación de administrar los caudales públicos, el ‘abróchense los cinturones’. Es una cuestión de responsabilidad y de puro realismo. De donde no hay no se puede sacar, aunque bien es cierto que algunos políticos han intentado hacer auténticos malabarismos y vivir de la fantasía, especialmente desde que la ministra Calvo institucionalizase, para estupor de Europa entera y algún continente más, aquello de que ‘el dinero del contribuyente no es de nadie’. ¡Qué tiempos!

            Ahora conocemos que el gobierno tiene la intención de aumentar casi hasta un 60% la partida destinada a subvencionar a los sindicatos, restableciendo prácticamente la cantidad recortada -se da por hecho que de manera injusta y cruel- por Mariano Rajoy. Pocos españoles dudarán de la función, en esencia y en origen, indispensable de las centrales sindicales en democracia; porque es noble llevar a cabo actividades en defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de los trabajadores. Y no se antoja ningún disparate que, en consecuencia, el propio Estado social y democrático de Derecho contribuya a la financiación, en algún porcentaje y papel, de estas acciones.

            Pero este incremento, generoso donde los haya, se topa hoy con dos obstáculos sobre los que conviene reflexionar. El primero es el de la falta de control que ha recaído (es decir, que ha dejado de recaer) sobre esa lluvia de dinero en el pasado. No hace falta recordar (o tal vez sí), el despilfarro pornográfico y las juergas obscenas que, literalmente, se han corrido determinados dirigentes a costa de la ‘clase obrera’, no sólo en el cortijo andaluz. La segunda piedra es el propio momento que atravesamos. ¿Era necesario semejante manguerazo cuando hay una auténtica legión de compatriotas a los que ya está les faltando, en primera persona y en sus casas, el paraguas de la protección social?

            Más allá de valores, de principios y de líneas de actuación que, más o menos, todos los demócratas pueden compartir, deben compartir y comparten, el gobierno de España debiera mirar, más que nunca, en medio de la sequía, qué dinero del que pone en el bolsillo de cualquier asociación u organización está gastado y cuál, realmente invertido. Hasta ahora no lo está haciendo. Quizá porque esa falta de riego no está llegando precisamente a las cuentas corrientes de sus señorías. ¡Qué pena!

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