domingo 11/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

EPI’s falsificadas: ¡lo que faltaba!

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Qué duda cabe que la pillería y hasta la piratería son tan viejas como la historia de la Humanidad. El sacar provecho ilícita e ilegítimamente de una circunstancia o situación están a la orden del día. Qué decir si, por añadidura, nos situamos en una España que ha sido y es, en esencia, la del Lazarillo de Tormes. ¡Pura picaresca!

            Poco sorprende, por tanto, que siendo uno de los países occidentales más bestialmente azotados por la pandemia, haya desalmados que se dediquen a hacer negocio con la salud; o, peor, a jugar con ella; o, peor aún, a dejarla desprotegida cuando el zarpazo del virus aún sigue siendo considerable y hasta incontrolable.

            Resulta simplemente tremebundo que haya quienes trafiquen con mascarillas higiénicas, como las que la Policía Nacional incautaba hace unos días, en cantidades millonarias, en Leganés. Y, para más inri, que los traficantes sean de las mismas latitudes, netamente asiáticas, desde las que se propaló el covid-19, como una plaga bíblica, al globo entero.

            Es un completo desastre, por incomprensivo, que todavía existan administraciones en España que, lejos de atender la industria nacional, tan competitiva y potente en la fabricación de EPI’s, estén contratando con China. A veces ni siquiera por precio, pero, sobre todo, a veces con muy pocos escrúpulos y miramientos.

            Ciudadanos de ese país son los que, tal y como han dado cuenta las fuerzas de seguridad del Estado, siguen llenando salas de karaoke en las que se canta y se baila y se juega y se bebe sin respetar medidas de seguridad; donde se llevan a cabo prácticas de falsificación documental, en medio de un sinfín de infracciones administrativas… y por supuesto, donde se sigue identificando a personas por tenencia ilícita de estupefacientes.

            En medio de este fango y este lodo se mezclan y almacenan mascarillas, sin las mínimas condiciones de salubridad, confundidas entre la porquería. ¡Claro que el ciudadano tiene la obligación, cuando compra, de mirar la etiqueta! Pero nuestros políticos tienen el deber y la responsabilidad de actuar decididamente, implacablemente, para que esas EPI’s falsas, diseminadas en España en estratosféricas cuantías, nunca lleguen a las estanterías de la vergüenza.

 

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