lunes 12/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

El ‘doctor muerte’: ancianos tratados como moscas

Manos anciano, protegido

La figura es novelesca, de cine, y ha tenido una presencia histórica recurrente y sombría, enigmática. El ‘doctor Muerte’, alguien con la obligación profesional y la responsabilidad ética de preservar la salud de las personas que se convierte en un auténtico engendro, en un killer, en un desalmado, un psicópata capaz de aniquilar vidas humanas y de llevar al cementerio a los más indefensos y vulnerables: ancianos y niños.

            El covid-19 nos deja episodios cada día y en cada rincón del mundo no sólo luctuosos sino algunos auténticamente tenebrosos. La irrupción de la figura del ‘doctor Mosca’ en Italia causa verdadero estremecimiento y retrata lo más bajo de nuestra raza. ¿Cómo es posible que, en plena lucha por evitar los fallecimientos, este médico administrase presuntamente fármacos letales para quitar de en medio a los mayores y “liberar camas”? ¿Qué debe pasar por la cabeza para un cualificado trabajador de un hospital, tenga la competencia que tenga, para actuar con “plena consciencia” y “voluntad de matar”, como sostiene la jueza del caso?

            Es de dominio público que una inyección que produzca un bloqueo neuromuscular a personas de edad con graves achaques y dolencias, con el bicho dentro, es el camino directo en el viaje al otro barrio. La lista de víctimas aquí parece amplia, las autoridades están investigando casos anormales, en los que ni siquiera se intubaba a los enfermos cuando lo necesitaban, lo que producía inmediatamente la asfixia, un deterioro vital irremediable e irreversible. 

            Son varios los sanitarios que tachan directamente de “loco” al doctor Mosca por sus presuntos delitos. Sea como fuere, más allá de las acusaciones de homicidio agravado y falsificación en acto público, de su suspensión de empleo y sueldo, de su arresto domiciliario a la espera de juicio… la sociedad internacional en su conjunto debe hacer una reflexión profundísima e inmediata sobre los recursos de la sanidad y sobre los controles internos en los momentos de desbordamiento. No exclusivamente porque en el ejercicio de sus funciones haya doctores que puedan incurrir en conductas inaceptables, repugnantes, salvajes y silentes, con un reproche penal contundente, sino porque en pleno caos, si se logra mantener un mínimo rumbo, el terreno para salvar vidas es siempre algo más llano y transitable.  

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