domingo 11/4/21

Estrella Digital

EDITORIAL

Los diputados en taxi: sin frenos y a lo loco

taxi

De un tiempo a esta parte, varios años ya, se ha elevado al debate público la discusión sobre la necesidad o no, según el momento, de aplicar políticas de austeridad, es decir, medidas típicamente tomadas cuando existe la amenaza real de que un gobierno no pueda cumplir con sus obligaciones de deuda. Cuando un Estado, por sistema, como una familia, gasta más de lo que ingresa, el problema está garantizado.

            Raro es encontrar a un ciudadano que no conozca que, en España, las arcas públicas no atraviesan por un momento boyante. Y ello como consecuencia de los errores, en muchos casos, que han cometido una y otra vez los gobiernos que hemos padecido.

            Precisamente por eso no se entiende que haya representantes públicos que sigan despilfarrando el dinero a manos llenas (tirándolo, literalmente), a costa del triturado y quemado contribuyente. Los ejemplos son, aún hoy, interminables. Pero es que, además, algunos de ellos son estéticamente sangrantes.

            La penúltima ha sido conocer que el Congreso ha pagado más de 800.000 euros por los taxis de sus señorías… ¡en el confinamiento! Los desplazamientos y las ayudas por kilometraje por uso de vehículo privado, disparadas en un año marcado por el estado de alarma y las restricciones derivadas del coronavirus. ¡¿Cómo es posible?!

            Al parón de los meses de verano, que están fuera del periodo ordinario de sesiones, hay que sumar las semanas de suspensión de la actividad parlamentaria tras decretarse la cuarentena y, por si fuera poco, la reducción de la presencia de los diputados en los plenos. Pero… ¡nada! ¡no ha habido manera!

            Parece mentira que, con un país entero sumido en una crisis económica y social de caballo, haya que recordarles a quienes administran nuestros impuestos que están añadiendo con sus tropelías daño sobre daño a una sociedad en vías de ser pulverizada en su situación de bienestar. Pero hay que hacerlo. Porque, incluso a pesar del reproche y la crítica a sus excesos, siguen tomando a los ciudadanos por el pito del sereno. ¿No han medido aún las graves y futuras consecuencias de la indignación que irresponsablemente siembran?

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