sábado 31/10/20
EDITORIAL

¿Hasta cuándo el descontrol sanitario en Barajas?

BARAJAS

La presidenta regional madrileña, Díaz Ayuso, ha remitido una carta a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, en la que le solicita una normativa común para todos los aeropuertos comunitarios y, por consiguiente, un esfuerzo adicional y concreto para evitar la expansión del covid-19.

Hasta la saciedad, Ayuso le ha pedido en primera persona a Pedro Sánchez que incluya controles sanitarios en Barajas mediante la implantación de un corredor que obligue a los viajeros que llegan a la capital a someterse a un test rápido y, en su caso, a un PCR cuyo resultado se traduce en minutos. Pero sus más que procedentes e insistentes demandas han caído, hasta hoy, en saco roto, y no es fácil que vayan a cuajar.

La pelota está en el tejado de AENA y, por tanto, del gobierno de España. Carece del más entero de los sentidos que cuando a una Comunidad como Madrid y a un ejecutivo como el del PP y Ciudadanos se les está estigmatizando por aplicar medidas insuficientes contra la propagación de la pandemia, se mantenga al tiempo una de las principales entradas de viajeros al país convertida en un auténtico coladero. ¿Dónde está la raya que separa la pasividad de la negligencia? ¿Hasta qué rincón oscuro se arroja el ‘principio de responsabilidad’?

Pero, aún más: la decisión de no implantar de inmediato esos corredores de control sanitario en Barajas y otras infraestructuras críticas, pudiéndolos desarrollar ipso facto muy competentes empresas españolas, choca con la inflexibilidad y la radicalidad en la contención del bicho que se está pretendiendo llevar a otras zonas de contagio más localizadas, como bares y restaurantes, entre otros locales de ocio.

Llegamos ya tarde, sin duda, porque un sinfín de infectados se han colado incomprensiblemente por el Adolfo Suárez y han agravado la situación, ya de por si complicadísima, de los madrileños. Pero es un hecho que a esta crisis le quedan, en el mejor de los casos, meses.

Es por ello vital que se arríen las banderas de la guerra política e institucional cuanto antes y que el Ministerio de Fomento cumpla con su obligación, que no es otra que la de hacer todo lo que esté en su mano para que nuestros aeródromos, donde convergen tantos ciudadanos de tantos países, sean lo que no son hoy: zonas seguras, hostiles al veneno del coronavirus.

 

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