sábado 19/6/21
EDITORIAL

... y el covid-19 seguía vivo, 70.000 muertes después

cementerio

Uno de los grandes dramas durante la pandemia ha sido el de la desinformación y los bulos, valga la redundancia. Han corrido por doquier, empezando por los que han circulado por las alcantarillas en las que con demasiada frecuencia se transforman las redes sociales. Pero el colmo de los colmos ha sido que incluso la propaganda, en tiempos de enfermedad, ha emanado de los portavoces oficiales. ¿Qué sentido tiene, ante el avance inexorable y letal de un virus, decretar su muerte cuando la comunidad científica aún no ha conseguido abatirlo?

El hecho cierto es que el presidente del gobierno, con el fin de la primera oleada, dio por finiquitada la amenaza. Y el hecho subsiguiente e incontestable es que desde que Moncloa dio por vencido al covid-19 hemos padecido más de 70.000 muertes, doblando el número en las tres últimas olas casi al registrado durante la primera.

No es algo privativo de este poder ejecutivo. De manera innecesaria, irresponsable, gratuita, hay políticos que recurren a la tan manida expresión “lo peor ya ha pasado”. Todo, en un intento irracional de que la embestida de una tragedia no les salpique, aunque esa tragedia siga desenvolviéndose en el ámbito del descontrol.

Hoy, resulta pintoresco y lamentable recordar cómo había políticos en este país que auguraban una rápida vuelta al periodo prepandemia y creían descabellada la idea esbozada, entonces por la presidenta Ayuso, de poner en marcha el Hospital Zendal. “¡Hay que salir a la calle, hay que disfrutar de la nueva normalidad recuperada!”, se decía entonces.

No. Es incompatible elevar los discursos sobre el bicho y retratarlo como la peor plaga para la Humanidad en siglos y, al poco, relativizar por completo sus coletazos. La paciencia es una virtud difícil de desarrollar, pero nuestros representantes públicos bien harían en acometer todos los esfuerzos pertinentes para no confundir los deseos con la realidad. Es una cuestión, aquí, no sólo de servicio a la Verdad sino al interés general y a la propia salud.

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