sábado 19/6/21

Covid-19: los ricos también lloran… pero menos

Amazon Bezos

En puridad, la pandemia se ha cebado sin distinguir casi continentes ni clases sociales, sin miramientos, sin posibilidad de escape… incluso el zarpazo ha sido mayor en los países económicamente desarrollados; y esto, con estremecedora rotundidad antes del inicio y el avance del proceso de vacunación.

            Al contrario de lo que ha ocurrido en otros momentos de la historia, hay ricos que no se han podido librar de la enfermedad y de la muerte (¿o sí?). Pero, dentro de esa franja tan amplia que marca el desahogado poder adquisitivo de muchos, en la cúspide de la pirámide hemos encontrado durante todo este tiempo multimillonarios que han buscado y alcanzado su propia vía de escape.

            Hay países (islas) que han mantenido abiertas sus fronteras y que se han convertido en auténticos oasis de todos aquellos que han querido y podido olvidarse de la letalidad y la tragedia marcada por el coronavirus.  

            Tulum o Playa del Carmen en México, Maldivas (con una casi nula incidencia de covid-19), Tanzania con sus sobrecogedores parques nacionales, Costa Rica con sus resorts de lujo, Martinica para los amantes del buceo y la navegación y, desde luego, Dubai con su lujo y su ostentación, que se ha mantenido casi libre de la pandemia.

            En efecto, el golpe en las vidas de cada uno de los habitantes del planeta ha sido formidable (lo es aún), la afectación a sus propias emociones y a su propia forma de organizar el futuro, también. Pero, es un hecho, que la ‘cara B’ de esas imágenes de UCI’s atestadas en los hospitales de los Estados ricos ha estado y sigue estando en esas playas interminables de arena blanca, en esas aguas cristalinas de las que en el último año y pico muchos de los hombres más poderosos del globo no han salido.

No puede haber reproche ni consuelo en un hecho tan invisible como incontestable. Pero sí la constatación de que los titulares de las cuentas corrientes de números más mareantes, en todos los continentes, incluso ante dramas que en apariencia carecen de escapatoria, viven en un mundo paralelo.

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