viernes 14/5/21
EDITORIAL

El coste del premio a la mediocridad

Ximo Puig

Que las leyes educativas en España no han funcionado en cuarenta años de democracia se hace visible en el liderato tan dudoso que ostentamos a escala europea, tanto en los rankings de fracaso escolar como en los de abandono escolar. Sencillamente, no tenemos remedio. Ni la clase política lo ha encontrado hasta ahora ni, en puridad, la sociedad española, en tantas ocasiones y ante asuntos importantes adormecida, lo ha reivindicado o exigido con ansia y constancia.

Así, se entiende que el Gobierno valenciano haya tomado la decisión de reconocer con becas de más de 4.300 euros a un centenar de universitarios que no han alcanzado siquiera el 6 de nota media: un aprobado más que raspado; de los que, más que provocar celebración, producen lástima.

Lo peor casi es que institucionalmente se haya intentado argumentar que algún tipo de premio e incentivo hay que dar, a costa de la “reducción de los requisitos académicos”, a quienes pasan del suficiente, porque sólo de esta manera es posible extender las ayudas “a un mayor número de estudiantes”. Pero el colmo de los colmos es que entre los beneficiarios, tal y como se ha publicado en el Diario Oficial de la Generalitat, aparezcan nueve alumnos incluso con notas medias por debajo del 5, tres de ellos… ¡con un cero!  

Con frecuencia, y en sentido figurado, se dice sin someter por supuesto a comprobación alguna que esto sólo puede pasar en España, y en ningún otro país del mundo. Pero aquí hay algo más que una metáfora o un recurso estilístico. Es inimaginable en un sistema educativo, universitario o no, que los estudiantes que se sitúan de acuerdo con sus calificaciones en la franja del muy deficiente tengan como respuesta el esfuerzo económico del contribuyente para darle impulso, sufragar y financiar su desastrosa carrera.

Ya está mal que la mediocridad tenga algún tipo de recompensa, que desde el sistema (sea universitario o de bachiller) se lance el mensaje a alumnos y familias de que "hay que igualar por abajo". Pero lo que es directamente demencial es que todo un país, o en este caso una región, con el dinero de su bolsillo, tenga que apostar por los torpes o por los desganados, por aquellos a los que se marca su nota en rojo. Es la compra de un pasaporte con destino único hacia el desastre.

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