miércoles 29/9/21

El Compliance llega… ¡a la Iglesia española!

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Si hay, entre otras, una institución que debería exhibir comportamientos ejemplares ante la sociedad, ésa es la Iglesia. Por razones obvias. Así, se estaba haciendo tarde ya para que la Conferencia Episcopal apostase por la denominada cultura del compliance. Pero se ha puesto a ello.

            En un proceso que resulta histórico, y cuya dimensión seguramente se verá mejor con el paso de los años, los obispos ya están recibiendo información sobre la necesaria puesta en funcionamiento de políticas de cumplimiento en las instituciones que gobiernan. Y están yendo más allá de la pura adopción de una iniciativa de índole cosmética, de cara a la galería.

            La vida prueba es que el presidente de la CEE, Juan José Omella, ha traído de su mano para capitanear este viaje al prestigioso economista Juan Munguira, asentado en la CNMV, y que representa internacionalmente a España a través de la OCDE precisamente en los foros en los que se discute abiertamente el presente y el futuro del buen gobierno corporativo y la transparencia.

Por encima de su naturaleza y su esencia, de los dogmas, del catecismo y del camino verdadero del que no se puede separar, la Iglesia española tiene mucho por hacer y por mejorar; no sólo desde lo alto (la jerarquía de la propia Conferencia Episcopal) sino desde las propias empresas, tanto radios como televisiones, de las que junto con las diócesis es accionista mayoritaria.

            El compliance es un mecanismo transversal que está afectando a todos los sectores y aspectos de la sociedad y, en el caso de las empresas (independientemente de su actividad y tamaño), permite alcanzar los objetivos que éstas se proponen de una manera respetuosa con las normas externas e internas, más allá de las que se circunscriben al ámbito penal.

Los códigos de conducta o éticos son, en muchos casos, no necesarios sino imprescindibles. La integridad, la honestidad, la buena fe… no son valores fáciles de medir pero, cuando están, se ven. La Iglesia española, reduciendo los riesgos a los que pueda verse expuesta, da un paso valiente; más, si se propone acometerlo en una vía irreversible, como todo parece indicar.

 

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