domingo 23/1/22

El ser humano como especie no nace como un ser independiente. Es más, de todos los mamíferos que habitan el planeta Tierra es, con diferencia, el que presenta un proceso desde su nacimiento hasta llegar a su etapa como ser adulto que comprende más años, casi dos décadas de su vida. Ningún otro mamífero u otro ser vivo que habita nuestro planeta presenta un proceso de maduración tan largo.

En este proceso de maduración que comprende diferentes etapas, su dependencia y necesidad de sus progenitores pasar de ser total y absoluta hasta que se convierte paulatinamente en un ser independiente. A su vez, los cambios físicos, neurológicos y psicológicos que acontecen en el ser humano son muy lentos y progresivos.

De hecho, neurológicamente, el cerebro humano adquiere su madurez en torno a los 15 años de vida, al poco tiempo de iniciar la educación secundaria obligatoria. Esta dependencia se sus progenitores es el origen ancestral del concepto de familia, que al cabo de miles de años ha pasado de suministrar cuidados, alimentación y enseñanza de habilidades elementales como la caza o la recolección, a ser la fuente que nos proporciona valores y principios fundamentales en nuestro desarrollo biopsicosocial, tanto como ser individual como dentro de nuestra sociedad.

Esto es así en todas las culturas y civilizaciones, tanto antiguas como contemporáneas. Sin la familia no podríamos existir ni como individuo, ni como sociedad. Y luchar o querer destruir el concepto de familia es luchar contra el concepto de humanidad y sociedad.

La izquierda, en especial el comunismo, pero también el socialismo, pretende la sustitución de la familia por parte del concepto Estado, y que sea éste ultimo el que suministre los cuidados al individuo, al tiempo que lo adoctrina.

Es uno de los principios básicos de la dictadura del proletariado. Increíblemente, y a pesar de más de 100 millones de muertes que llevan a sus espaldas, siguen muy vigentes en muchos países del mundo, incluso en donde el estado de bienestar ha sustituido a etapas más pobres y oscuras, como así acontece en nuestro país, que no debemos olvidar que en poco más de 40 años hemos pasado de una dictadura, a ser una potencia mundial económica, política, social y cultural.

Que una Ministra de Educación cuestione el papel fundamental e insustituible de los padres en la educación de sus hijos, de manera que propugne que sea el Estado el elemento básico y único en la educación del menor, que una niña de 16 años se enfrente sola a un embarazo no deseado, y que pueda abortar en soledad sin el apoyo de sus padres,

Incluso puede que jamás sepan lo que le ha acontecido, o que una persona de 16 años, en donde sus dudas crecen de manera exponencial al mismo tiempo que su acné, pueda cambiar de sexo en soledad, sin ningún tipo de apoyo familiar, no parecen avances propios de una sociedad moderna. Y esta afirmación no se debe de entender como el cuestionamiento de una ley. La Democracia se basa en el cumplimiento de la Ley, y sin la Ley no existiría la Democracia.

Promulguemos leyes con el mayor consenso social y político, con una fuerte base jurídica para que haya el menor número de resquicios posibles, o de circunstancias ambiguas, y que, en el caso del menor, lo defienda como ente individual pero también como miembro integrante de la unidad familiar.

Una sociedad moderna y avanzada no se puede permitir que ningún menor se enfrente, sin el máximo apoyo económico, jurídico y social por parte del Estado, en soledad, a problemas que exceden con mucho su grado de maduración personal, salvo en circunstancias excepcionales.

La protección del menor debe realizarse en el seno de la familia, incluidas leyes que favorezcan la natalidad, y que eviten la indefensión del menor o que se tenga que enfrentar en soledad a circunstancias o experiencias vitales que puedan marcar para siempre su desarrollo psicológico como persona. Menos sectarismo político y más consenso social.

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