domingo 13/6/21

Las cifras ocultas y endemoniadas de la Seguridad Social

Seguridad Social

No hay sociedad con menos futuro que aquella que vive de espaldas a su propia realidad: la de su naturaleza, sus tendencias y su deriva, sean éstas en el ámbito económico y financiero o el social o el cultural… u otros. Hay señales de alarma que, una vez activadas, si no se atienden, se convierten en una verdadera amenaza para la estabilidad y la prosperidad. ¡Y hay que atenderlas!

            Enfrascado como está el país en el politiqueo de las restricciones relativas al coronavirus (mucho se oye largar a nuestros dirigentes y poco impera el criterio estrictamente científico), estamos perdiendo de vista que el mercado laboral hace agua por todas partes. No en exclusiva por el incremento rampante y desbocado del número de parados sino por lo que esconden, de forma endiablada, los números de la Seguridad Social.

            Para el caso, lo de esconder es una metáfora, ya que ni siquiera hay que aterrizar en la letra pequeña de la estadística: la mayúscula, en negrita y subrayada, es una auténtica lápida. Sólo el 40% de los afiliados hoy aporta cotizaciones estables a la Seguridad Social, lo que pinta un panorama ciertamente tenebroso. Cae y cae por la ladera el número de trabajadores que cuentan con un contrato indefinido a jornada completa, que son los que más ingresos aportan al sistema; y éste, en consecuencia, sigue su incesante carrera de puro debilitamiento: el languidecer de la producción y la productividad.

            Sí. Podrá argüirse ahora que España ha desarrollado un modelo de crecimiento asilvestrado basado en los servicios, que el empleo que se creaba era de por sí inestable y precario, que la devaluación salarial era una dinámica indetenible, que la flexibilidad era en realidad una trampa y no redundaba sino en la pérdida notable de poder adquisitivo… pero el hecho irrefutable es que la Seguridad Social está dejando de disponer de ingresos sólidos y estructurales.

            En absoluto se trata de poner ahora en el ventilador el mensaje de que la caja de las pensiones está quebrada, o de que nuestros jubilados no tendrán de donde cobrar en el futuro, dadas las deprimentes bases de cotización. La pandemia está pasando una carísima factura, pero eso no es lo peor. Lo que resulta casi de tanatorio es el comportamiento de políticos incapaces de poner las luces largas, de pulsar el botón de la visión estratégica, de pensar más allá no de las próximas elecciones sino del próximo año. Una sociedad que camina como los burros, sin zancada y sin amplitud de miras, es una sociedad que, o cambia radicalmente de actitud, o acabará zarandeada, exhausta y empobrecida.

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