jueves 13/5/21

El caballo desbocado de los concursos

cerrado

No es fácil tapar las vías de agua cuando el empuje del líquido elemento, simplemente en términos de volumen y de fuerza, es incontenible. Es verdad que en su día el gobierno aprobó una moratoria concursal, pero eso no ha impedido que muchos negocios, en una situación auténticamente límite, hayan tenido que decir hasta aquí hemos llegado, en el sentido más doloroso de la expresión, declarándose en suspensión de pagos.

            La pregunta es: ¿se ha superado ya la peor fase de la crisis? Más allá de la ecuación sanitaria (en la que el proceso de vacunación es factor clave), en la económica y social los pronósticos siguen invitando a apretar los dientes para aguantar el tirón. Los vaticinios más conservadores apuntan que los concursos crecerán un 30%, con Canarias, Cataluña y Baleares al frente. Y eso no sólo en el 2021, sino presentando una tendencia continua y al alza en el 22 y el 23. Nos guste o no, nos parezca un titular desasosegante y casi desesperante o no, el hecho es que España está en el podio de la OCDE con el número de insolvencias más disparado.

            El desgaste empresarial está derivando en una auténtica tortura. La depresión del consumo revierte en los negocios y se convierte, mes tras mes, en una espiral viciosa difícil de detener. El sector servicios, el textil, la automoción, el turismo, el comercio minorista… se encuentran ciertamente resentidos, a pesar de que se lance con frecuencia el mensaje simplista y falaz de que pronto todo cambiará cuando no necesitemos mascarilla: una panacea que es pura ficción, mero holograma.

            Evidentemente, hay nichos como el farmacéutico o el químico o el logístico o el de telecomunicaciones que no sólo están logrando capear el temporal, sino que están jugando con el viento soplando a su favor, pero la rentabilidad y la facturación en la globalidad del mercado tardará mucho tiempo en llegar.

            ¿Qué hacer? Una cosa es clara: se hace complicadísimo imaginar un plan de reactivación económica que pase por una modificación tributaria que tenga como fin estrangular al contribuyente multiplicando los ingresos públicos. ¿O podrán acaso arreglarse los problemas de interés general incrementando en varios grados la temperatura del ya consolidado infierno fiscal?

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