jueves 15/4/21

Estrella Digital

Baleares: el llanto de los ‘espantacruceros’

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No es que ahora lloremos lo que no supimos defender. Es mucho peor: lo que teníamos, un verdadero y merecido privilegio, lo despreciamos, lo denostamos, lo infravaloramos… hicimos todo lo posible para debilitarlo… antes de que la pandemia lo haya arrasado. ¡Ay, la turismofobia!

El caso de las Islas Baleares y de los atolondrados movimientos antisistema del más diverso pelaje, pero también de partidos como Podemos y los socialistas locales, es para llorar a moco tendido. Sin redención. Los cruceros eran ‘el dorado’. ¡500 millones de euros al año! Se les estigmatizó desde el poder, se hizo todo hasta lo imposible para reducir su frecuencia, para poner sobre el tapete los aspectos negativos que traían consigo para la isla, para las islas… y ahora, el cierre del puerto de Palma por la pandemia resulta que trae la ruina y la depresión.

Eran miles de establecimientos los que vivían de ese negocio, los mismos que hoy están al borde de la ruina; eso, los que permanecen abiertos, porque la mitad no han tenido más remedio que echar la persiana. La Catedral, la plaza del Ayuntamiento, San Miguel… el muelle viejo ya no se llena de autobuses, ni la escollera de alemanes o ingleses. Es historia.

Mirar al pasado sólo tiene sentido si ello se convierte en el imprescindible impulso para cimentar y construir un futuro mejor. De eso se trata. No es necesaria ya la avenida de políticos que espanten los cruceros. ¡No más! ¡Ni uno! Son una losa para la economía, para la sociedad, para las emociones, para las familias y los emprendedores… son un lastre para un país que, en el doloroso momento de levantarse y recomponerse, no precisa de dirigentes que sean plomo que hunde sino corcho que hace salir a flote. 

 

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