sábado 12/6/21
EDITORIAL

La aversión separatista a los intelectuales

independentistas catalanes

No es ninguna novedad histórica que quienes sostienen posiciones de pensamiento autoritarias o totalitarias desprecien la libertad de opinión, el criterio propio, la independencia y la propia creatividad. Los anales están llenos de casos en los que dictadorzuelos y peligrosos caudillos han cercenado, sin tregua y sin misericordia, a artistas brillantes que han terminado orillados, proscritos, exiliados.

            El nacionalismo catalán más exacerbado y esperpéntico tiene su propio currículum en este campo. Desde tiempos incluso de Puyol, no han sido pocos los cómicos o los pensadores que han sido considerados enemigos del pueblo y, en consecuencia, vapuleados.

            Ahora es el escritor Javier Cercas la penúltima víctima y el que se ha visto obligado a estudiar acciones legales contra quienes lo acusan, en falso y de manera infame, para desacreditarlo y desprestigiarlo, de alentar una intervención militar en Cataluña.

            Hay diputadas separatistas que han acusado a Cercas de fascista (cómo no, en las redes sociales), que han intentado sepultar su facultad de expresión, que le han incluido en su particular lista negra, desde la que se procede, por los ahora seguidores de Puigdemont o Torra, con los fusilamientos civiles contra los más diversos demócratas, también en el mundo de la cultura.

            Hay un error que se comete con frecuencia en la batalla contra los intransigentes, y es el de abandonarla: por cansancio, por aburrimiento, porque las ofensivas que protagonizan y perpetran se repiten, vez tras vez, casi similares hasta la nausea. Pero no nos lo podemos permitir. Ni como sociedad libre ni abierta, ni como Estado de Derecho que cree en su propia dignidad.

            Es propio de tiranos embestir sin tregua y sin complejos, sin reservas, contra los intelectuales, hasta minar su moral y provocar su retirada. Y precisamente éstos, para la defensa frente a aquéllos, necesitan a una mayoría que alce la voz, que no se duerma en el silencio, que denuncie y combata a quienes, desde la maldad y la estulticia, buscan con ahínco la intolerable asfixia de la convivencia.

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