martes 11/5/21

Estrella Digital

EDITORIAL

Adolfo Domínguez, metáfora de un país jodido

Adolfo Domínguez
Adolfo Domínguez

El maldito Covid19 está derribando torres altas, medianas y pequeñas. La pandemia está comportándose como el caballo de Atila: arrasa, no perdona, incide, se ceba sin misericordia… y el país entero se está resintiendo, ya durante demasiados meses.

            La confesión ante la CNMV de la firma, tan consagrada y de tanto estilo, Adolfo Domínguez, es simbólica y representativa del desgarro que ha generado en ciertos sectores productivos una depresión a la que no se le termina de ver la fecha de salida.

            La compañía, referencia de la moda española durante décadas, ha multiplicado por siete sus pérdidas en los nueve primeros meses del ejercicio fiscal 20-21. El desplome de las ventas ha sido superior al 47%: la contracción de la firma se ha consumado en todos los mercados en los que opera, sin excepción.

            Corren malos tiempos para las tiendas de ropa. También. La patronal refiere un retroceso en el volumen de negocio por encima del 40%. El empuje del comercio online no es suficiente. Las restricciones en los horarios de apertura de los establecimientos, la caída a plomo de la confianza del consumidor y el síndrome de la cabaña han hecho estragos, siguen haciéndolos.

            Como ha sucedido en tantos otros grupos y sectores, casi la mitad de la plantilla de Adolfo Domíguez está en ERTE. Este mecanismo paliativo, puesto en marcha por el gobierno, se está revelando claramente insuficiente. Tampoco la financiación a través del ICO es la panacea.

            De poco sirve ya el lamento por la leche derramada en el avance de un calvario que salta de fase en fase sin redención posible para el ciudadano. Sin embargo, la mirada al futuro y la responsabilidad, aún en el tejado del presidente Sánchez, deberá pasar irremediablemente por una gestión eficaz, útil y rabiosamente fértil de los millonarios fondos europeos que pronto llegarán.

            No. No es ésta una ocasión de oro para la recuperación. Es mucho más importante: se trata del último cartucho y no debería jugarse a la desesperada sino, más que nunca, con germánica cabeza y mucha frialdad.

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