lunes 27/9/21

2 días y ‘500 plomos’: ¿el futuro del empleo?

Cola de desempleo

No es infrecuente encontrar, entre las viejas páginas de anuncios clasificados de los periódicos (hoy en los buscadores de Internet) ofertas de empleo enteramente locas, humillantes, no porque las condiciones laborales planteadas de salida sean malas o pésimas (¡ojalá!) sino porque, en resumidas cuentas, lindan con la explotación y el esclavismo, siendo por lo tanto penalmente perseguibles.

            Sin llegar a estos extremos, una cosa es la tan cacareada y hasta benéfica flexibilidad laboral, otra diferente el pluriempleo (que igualmente presenta sus vertientes positivas)… pero una tercera es la salida al mercado de puestos que hacen invivible la vida de cualquier persona, poco importa que sus necesidades sean escasas y no se dé a los vicios o los lujos.

            Lo penúltimo ha sido la publicación por una gran cadena de supermercados de empleo de 2 días a la semana por 500 euros rasos y brutos. No se ha descubierto la pólvora, porque desde que el mundo es mundo y la semana tiene siete días, siempre han existido funciones desempeñadas por trabajadores exclusivamente en sábado y domingo. Lo peligroso es que se extienda este modelo, que se generalice, que se dé como regla por válido… con la remuneración que lleva aparejada y lo que ella implica en tantos planos.    

            En efecto, habrá personas cuya pareja disponga de un buen jornal, y éste sólo haya que completarlo. Sí, están aquéllas otras que se encuentran todavía en algún periodo formativo (puede ser perfectamente de posgrado, un máster), y apenas pueden trabajar 15 o 20 horas, a lo sumo. Sin embargo, la universalización de los minisueldos es un riesgo en el que, paso a paso, caemos; una rampa peligrosa por la que, sin retorno, nos deslizamos. Inconscientemente.

            No. En ningún país serio los sueldos pueden o deberían ser escandalosos o fraudulentos (como el caso de 'la niñera de Podemos' y sus espurios e inmerecidos ingresos, equivalentes a los de un General de Ejército o un Catedrático de Universidad, ¡qué vergüenza!), pero siempre tiene que permanecer, en lo más alto de la agenda, la lucha de la sociedad entera (más allá de los sindicatos) por un salario merecedor de tal nombre; que pueda entregarse a algo más que la subsistencia o la creación y mantenimiento de una familia. No lo olvidemos jamás.  

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