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Turquía en la UE: ¿Oportunidad o amenaza?

Turquía en la UE: ¿Oportunidad o amenaza?

Aún no se ha inventado el fármaco maravilloso que mitigue la jaqueca de la Unión Europea ante una de las mayores polémicas a las que se ha enfrentado nunca, su más compleja adhesión. El asunto turco bien requeriría una poción fantástica que resolviese el problema dando como resultado un final feliz. En medio de una espiral de encendido debate sobre la admisión o no de Turquía en el selecto club de los Veintisiete, Ankara empieza a notar cómo sus ánimos -y los de su población- flojean más de 50 años después de solicitar por primera vez la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea. El reto de abrir el territorio europeo a la libre circulación de casi 80 millones de musulmanes sobrevuela en forma de velada suspicacia. ¿Puente definitivo entre civilizaciones o amenaza real ante el que se convertiría en el segundo país más poblado, y por tanto, de enorme influencia en la UE?

Patricia C. Serrano, Madrid. 31/05/2010 | 13:19 h.

En los tiempos que corren, existen pocas cosas por las que valga la pena esperar medio siglo. Para Turquía, ésa ha sido el deseo de incorporarse a la Unión Europea como un miembro de pleno derecho más. Aunque la paciencia, al igual que el petróleo, se trata de un recurso limitado. La historia es larga y está plagada de obstáculos. En septiembre de 1959, el Gobierno presidido por Celal Bayar solicita por vez primera el ingreso en el recoleto grupo de la CEE. Cuatro años más tarde, en 1963, era aceptada la posibilidad de que el país de los antiguos otomanos pudiera convertirse en miembro en el futuro, a la par que se le daba con la puerta en las narices a Reino Unido ante la misma petición. Este primer acercamiento queda sellado con la firma de un acuerdo de asociación, el Acuerdo de Ankara, cuyo objetivo consistía en integrar a Turquía en una unión aduanera con los socios de la CEE y preparar una eventual adhesión.

Tras varias firmas de protocolos financieros para sentar las bases de esa unión de aduanas, en abril de 1987 Turquía solicita oficialmente una adhesión completa. En este tiempo, Ankara tuvo que contemplar el ingreso de seis nuevos miembros, entre ellos, España. Una vez ultimado el acuerdo que crea la unión aduanera proyectada desde los años sesenta, diciembre de 1999 supone un hito para el Ejecutivo turco, que asiste al reconocimiento oficial europeo del país oriental como candidato a miembro de la UE.

A lo largo de los primeros años del nuevo siglo, se firman nuevas revisiones del acuerdo de asociación destinado a la adhesión, y en octubre de 2004 la Comisión Europea emite un informe muy positivo sobre el progreso turco en la convergencia hacia la UE.

Tras Alemania, Turquía se convertiría en el país más poblado de la UE

"Turquía ha logrado avances legislativos significativos en muchas áreas... Se realizaron importantes progresos en la aplicación de las reformas políticas que, sin embargo, deben consolidarse y ampliarse aún más", rezaban las conclusiones del documento. En el mismo también se incluía la consideración del país candidato como un modelo importante para el mundo musulmán, dejando traslucir el deseo europeo de tender un puente hacia el islam. Exactamente un año después, se abren formalmente las negociaciones para la adhesión de Turquía, compuestas por 35 capítulos temáticos.

Sin embargo, un lustro después, Turquía no parece ver el fin de su peregrinaje hacia la occidentalización. Los últimos años han estado marcados por el estancamiento de las negociaciones, dominadas por el bloqueo de países claramente contrarios a su ingreso, como la Francia del presidente Sarkozy. En este tiempo, 15 naciones pasaron a ampliar la familia europea por delante de Ankara. Y muy previsiblemente, las de Rumanía y Bulgaria no hayan sido las últimas incorporaciones que tenga que ver Turquía antes de su propio ingreso. "Adoptamos el arancel común, todos los acuerdos comerciales  de la UE, y desde la unión aduanera de 1995, esperábamos ser miembros en 4 ó 5 años. Ya han pasado 15 años, y todo sigue igual", se queja Haluk Kabaalioglu, presidente de la Fundación para el Desarrollo Económico de Turquía, desde la sede de la Comisión Europea en Madrid.  

Debate abierto

El caso de Turquía escribe un punto y aparte en la historia de la ampliación de la Unión Europea. Este país nunca ha sido tratado como un candidato más, a pesar de su inequívoca vocación europeísta y su insistencia en cruzar una puerta ambiguamente entornada. Con la mitad de los miembros en contra de la adhesión, entre los que se cuentan Francia, Austria, los países escandinavos y algunas de las nuevas incorporaciones del este europeo, los argumentos para rechazar a los turcos no son pocos. Geografía, demografía y cultura configuran un cóctel con el que muchos brindan asegurando que el umbral permanecerá sellado para Ankara durante los próximos años, al menos.

Uno de los principales miedos lo supone la importante población turca, que se espera llegue a los 80 millones de habitantes en 2015. Tras Alemania, se convertiría en el segundo mayor país de la UE, lo que se traduciría en influencia sobre los órganos de decisión de los Veintisiete. Desde el punto de vista económico, algunos países vuelven a sacar el viejo argumento del "fontanero polaco" para temer un masivo movimiento de trabajadores hacia los socios más prósperos de la UE, que actualmente sufren el mayor impacto de la crisis.

"La población actual turca es considerada una amenaza para el futuro europeo. Cuando Turquía forme parte de la UE, serán los europeos los que invadan Turquía, ya que nadie quiere abandonar su país si no hay mejores perspectivas de vida, y eso ocurrirá en Turquía", explica el embajador turco Volkan Bozkir, responsable de los asuntos que atañen a la Unión Europea. Bozkir subraya la necesidad mutua de Turquía y los Veintisiete, ya que el perfil demográfico de su país está caracterizado por un fuerte componente joven: el 35 por ciento de la población no supera los 25 años, lo que confiere un valor añadido frente a la envejecida población de los socios europeos. La aún limitada economía del país, que produce sólo un 25 por ciento del PIB medio europeo y el asunto geográfico -el 97 por ciento del territorio turco pertenece a Asia- quedan relegados, sin embargo, como argumentos menores frente a la gran cuestión: ¿puede un país musulmán abrazar los principios de democracia y libertad en los que descansa el acervo comunitario?

Islam: puente o amenaza


Turquía representa un caso especial en el sentido de que, a pesar de su mayoría de población musulmana, su Estado se sustenta por una Constitución laica, cuyo cumplimiento es vigilado por el Ejército. El movimiento natural de Ankara siempre se ha dirigido hacia occidente, lo que suele ser percibido con recelo por parte de sus vecinos árabes. Este delicado equilibrio entre islam y laicismo estatal dotan a Turquía de una posición privilegiada a la hora de erigirse mediador entre civilizaciones, verdadero puente en tiempos de alta tensión entre oriente y occidente. A la Comisión Europea no se le escapa tampoco que Turquía pueda convertirse en su as en la manga para conseguir y garantizar la paz entre regiones, como afirma en su último informe sobre los progresos de Ankara, publicado en diciembre de 2009: "Turquía juega una posición clave en la seguridad regional y en el fomento del diálogo de civilizaciones". Por otra parte, a pesar del deseo de proyectar la idea de Turquía como ejemplo para el mundo árabe, el país más bien compone una excepción, ya que su Estado laico y su afán occidentalizante no es comprendido por los líderes de Estados islámicos.

Sin embargo, frente a las expectativas más optimistas, el miedo de incluir entre la población europea a más de 70 millones de musulmanes ejerce una fuerza de primera magnitud para la argumentación contraria a la adhesión turca. Y ésta se presenta como un arma de doble filo que podría producir resultados extremos: la definitiva integración o la ruptura de toda esperanza de entendimiento entre ambas civilizaciones. "La respuesta que la Unión Europea dé a Turquía es la misma que le estará dando al mundo musulmán", señala Ignacio Samper, director de la oficina del Parlamento Europeo en España. Samper recordó que en la UE existen 5000 lugares destinados al culto islámico, tres millones de turcos residentes sólo en Alemania y que el nombre que más aparece en los registros belgas es el de Mohammed. Tres botones que dan una idea muy concreta de que el asunto musulmán no puede abandonarse durante más tiempo.

Si el criterio fundamental para la pertenencia a la UE, además del geográfico, es el de los principios y valores compartidos, un rechazo a Turquía bajo la excusa de la cultura musulmana significaría negar que las personas educadas en el islam puedan abrazar los ideales democráticos por naturaleza, como indica José Ignacio Torreblanca en un informe elaborado para el Real Instituto Elcano. Esta premisa entraña el obvio peligro de reforzar el vínculo entre islam y terrorismo en el imaginario europeo, con la consecuencia lógica de radicalizar el contexto de choque actual y fomentar la construcción de sólidos guetos de comunidades musulmanas ya residentes en la UE.

En busca del equilibrio

No todo son argumentos contrarios a la integración de Turquía. Además de la posibilidad de desarrollar una verdadera alianza de civilizaciones y dotar de coherencia a las estrategias de seguridad -Turquía pertenece desde hace años a la OTAN-, algunos miembros de la UE plantean esta incorporación como una búsqueda del equilibrio regional. Desde el ingreso de Grecia, España y Portugal, la comunidad europea ha ido ampliándose hacia el centro y el norte continental, con las excepciones de Malta y Chipre. Turquía compensaría en la balanza el peso desinflado de la zona meditarránea, y dotaría de mayor influencia a esta región.

Ankara debe acelerar las reformas en los ámbitos de libertades y derechos civiles

El problema con Chipre constituye otro de los asuntos a resolver con vistas a que Turquía se convierta en un miembro más entre los Veintisiete. La ocupación turca de la zona norte de la isla, no reconocida internacionalmente, continúa siendo fuente de hostilidad entre los turcos y sus vecinos chipriotas y griegos. Turquía ya ha aceptado negociar con Chipre bajo un documento-marco auspiciado por Naciones Unidas. Desde la perspectiva de la UE, se argumenta que la adhesión turca contribuiría a solucionar definitivamente toda hostilidad con la isla, ya que nunca ha tenido lugar en el seno europeo un enfrentamiento abierto entre dos de sus miembros.

El mayor escollo de Ankara para que le sean plenamente abiertas las puertas a la UE continúan siendo las reformas que han de ser acometidas para igualar el acervo comunitario. El ámbito de los derechos humanos, las libertades civiles y la injerencia militar en las instituciones estatales resumen las preocupaciones de la Comisión Europea en lo que respecta a los lentos progresos turcos, que cada año son apuntados en los informes del órgano decisorio europeo. Sí han sido realizados esfuerzos en cambiar el código penal y civil, para la supresión de la pena de muerte; y el reconocimiento a los derechos y libertades de las minorías, aunque este último punto aún dista mucho de corresponderse con el escenario real.

Reformas con luces y sombras

El último informe de la CE sobre la preparación de Turquía, elaborado en diciembre de 2009, subraya el avance asimismo en el campo judicial y en las relaciones militares-civiles -cortes ordinarias podrán juzgar al personal del Ejército-; al igual que en el ámbito de los derechos culturales, con la apertura de un canal de televisión que emite únicamente en lengua kurda. En la otra cara de la moneda, el documento insta a las autoridades turcas a adoptar medidas concretas para garantizar los derechos y libertades de la minoría kurda, y a no permitir la impunidad de las torturas, a la orden del día en el país. La libertad de expresión, de religión y de prensa continúan siendo limitadas en Turquía, al igual que los derechos de la mujer y la conciencia de igualdad de género. En lo que respecta a Chipre, la CE constata la ausencia de todo progreso en el acercamiento entre ambos países, a pesar de las negociaciones a iniciativa de la ONU.

"Las reformas son la clave para que continúe el proceso de adhesión de Turquía", concluye el informe. En este mismo sentido se expresa en su análisis José Ignacio Torreblanca, para quien "son los turcos los que van a decidir: si quieren cumplir las condiciones, serán miembros de la UE". Por su parte, el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Relaciones Institucionales, Maros Sefcovic, asegura que "ninguno de los países candidatos entrará en la UE sin cumplir los criterios, y esto tiene que ver con derechos humanos y cultura europea". El comisario eslovaco subraya la dificultad de toda negociación de adhesión, y afirma que "el avance de la ampliación dependerá del compromiso de los candidatos".

El primer ministro Recep Tayyin Erdogan es el encargado de guiar a los turcos en el camino hacia occidente. Tras ser elegido mayoritariamente por segunda vez, Erdogan prometió a la población desbloquear el proceso de adhesión, prácticamente congelado desde 2006, cuando fueron suspendidas las negociaciones en ocho capítulos abiertos, uno de ellos por la fuerza política ejercida por Nicolas Sarkozy.

El primer ministro turco Erdogan prometió a la población desbloquear el proceso hacia la UE

Y resulta paradójico que un líder que representa a un partido conservador y de arraigada tradición islámica, cuya mujer tiene vetada la entrada al palacio presidencial por su insistencia en cubrirse con el pañuelo musulmán, sea la persona que vaya a materializar el sueño de europeización del fundador de la República de Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, como expone William Chislett en un análisis para el Real Instituto Elcano.

De momento, se han abierto las negociaciones en 13 capítulos de los 35 a tratar, y sólo uno de ellos se ha cerrado, el referido a Ciencia e investigación. El lento caminar de las conversaciones con Turquía pone de manifiesto la dificultad de una adhesión en el arco de los próximos tres años. Algo a lo que no se resigna Volkan Bozkir: "El objetivo de Turquía es que, independientemente de que la UE abra o no los capítulos, nosotros los cerremos a finales de 2013. El acervo turco estará al nivel del comunitario, y entonces en ese tiempo se producirá una situación curiosa: Turquía habrá cerrado capítulos sin ser abiertos por la UE".

La fatiga de la adhesión

Desde el antiguo imperio otomano la paciencia empieza a brillar por su ausencia. El infinito y tedioso proceso ha terminado por agotar a la tradicionalmente europeísta población turca: el eurobarómetro señala que el apoyo a la adhesión entre los turcos ha descendido en los últimos cinco años del 71% al 42%, y muchos expertos señalan que éste no supera el 30%. "Vamos a tener que forzar a la UE a que despierte de su letargo. El momento de la decisión crucial se acerca, va a tener que adoptarse a finales de 2013 y no podemos seguir escuchando excusas", advierte el embajador Bozkir.

La Unión Europea parece escorarse en el concepto de la "fatiga de la adhesión", que Ignacio Molina, miembro del Real Instituto Elcano, explica como uno de los efectos que produjo la difícil digestión de la última gran ampliación de doce nuevos Estados miembros. El cansancio general hacia nuevas incorporaciones ralentiza las negociaciones de adhesión en la UE, y en el caso de Turquía, que lleva 51 años esperando este momento, las consecuencias se dejan sentir en forma de reflejo entre la población y las autoridades, que aminoran la velocidad para acometer las necesarias reformas. La pescadilla que se muerde la cola, al final, cobra forma de lento y aburrido fluir circular.

A pesar del estancamiento actual europeo, espoleado en gran medida por la grave crisis financiera que sufren sus miembros, cabe lugar para la esperanza turca, que Alfonso Díez Torres, director general de Integración y Coordinación de Asuntos de la UE resume con un auténtico hecho objetivo: "Todos los países que emprendieron las negociaciones, las concluyeron con éxito, a pesar de una larga preparación". La única cuestión es si los turcos seguirán dispuestos a llegar a un destino que cada vez desean con menos fuerza.     


Imágenes de vistas de Turquía: Luis Villajos

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Patricia C. Serrano, Madrid. 31/05/2010 | 13:19 h.

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