Libertad Martínez

Izquierda liquidada

Alberto Garzón, con Adolfo Barrena de mamporrero y Cayo Lara de ausente, ha concluido la liquidación de Izquierda Unida. El PCE, tras treinta años sin someterse a la evaluación de la ciudadanía y convertido en un simple grupo de interés personal, ha decidido emboscarse en una nueva máscara electoral.

El experimento de convergencia y encuentro programático más relevante en la historia de la izquierda española ha concluido. Esta no es una decisión que tenga que ver con la situación política actual sino un camino en el que se ha trabajado desde hace más de dos años.

“Me encanta que los planes salgan bien” ha declarado, con sinceridad, Iglesias, rememorando a un televisivo grupo paramilitar e ilegal, lo cual no deja de ser una lapsus de sinceridad que se agradece.

Más de cinco mil hombres y mujeres de IU en Madrid fueron expulsados por reclamar el respeto a la identidad de nuestra formación

Más de cinco mil hombres y mujeres de IU en Madrid fuimos expulsados por reclamar el respeto a la identidad de nuestra formación, a su autonomía. Fuimos expulsados para evitar que el debate político fuera sobre el programa y la necesidad de una izquierda con voluntad de gobierno.

Necesidad de izquierda y programa político a los que se ha renunciado a cambio de unos escaños y un espacio mediático que no tiene otra pretensión que ajustar cuentas en la izquierda antes que construir alternativas a la derecha.

La renuncia a la autonomía política, la construcción de una especie de casa común sin proyecto político, es una forma artera de concebir la pluralidad política y, más aún, la pluralidad de la izquierda.

La izquierda que compite y colabora y que, por lo tanto, permite a la ciudadanía expresarse pluralmente, sabiendo que hay compromisos de gobierno frente a la derecha, es una cultura política que ha permitido a la izquierda española gobernar municipios, comunidades autónomas y cooperar, cuando ha hecho falta, en políticas de gobierno estatal.

La ciudadanía sabe, digan lo que digan Iglesias y Garzón, que no es la pluralidad lo que nos obliga a ir a unas elecciones de nuevo sino la estrategia de ajuste de cuentas en la izquierda, los vetos y la búsqueda compulsiva de vicepresidencias, ministerios y otros cargos.

Es de temer que, en el próximo futuro, nos encontremos en situaciones similares pasando, eso si, por episodios de notable cinismo como es acusar a los socialistas de ser herederos de asesinos y usuarios de cal viva y, al día siguiente como quien dice, proponerles una candidatura unitaria.

El acuerdo entre Podemos y Garzón se inscribe simplemente en esa estrategia de construir un relato que castigue al Partido Socialista y le arañe unos votos que parecen haberse perdido en la estrategia de egolatría, vanidad y postureo en la que se ha convertido la nueva política.

En ese camino, eso si, han desaparecido las propuestas y políticas de izquierda sustituidas por selfis, tuiter y tertulias televisivas que nada dicen ni proponen.

Comprenderán que seamos muchos y muchas de los que hemos participado y construido la propuesta política que representaba IU los que ni apoyemos ni votemos la liquidación de nuestra tradición política. Menos aún la estrategia de destrozar todas las izquierdas para ser la única oposición realmente existente a la derecha en el gobierno.

Iglesias ha reconocido esta pretensión al ofrecerle una vicepresidencia al candidato socialista. De esa cínica propuesta cabe deducir dos cosas: que Iglesias reconoce que solo no puede, que solo concibe el acuerdo político en base a Vicepresidencias y que antes que la derecha le preocupa convertir en desierto el campo de la izquierda.

En un momento en que la ciudadanía ha votado pluralidad, los que se dicen de izquierda se proponen estrecharla. En el periodo de negociaciones de gobierno ya ha demostrado Iglesias lo molesto que le resultan las presencias múltiples y cuanto prefiere los vetos al compromiso. Ayer se vetan gobiernos, hoy la identidad gallega, mañana quien sabe.

La liquidación de Izquierda Unida es una parte más del periplo para totalizar toda idea de cambio. Un propósito que probablemente concluirá en fracaso porque, sinceramente, parece difícil oponerse al viento de pluralidad al que se ha acostumbrado la sociedad española.

Por cierto, mientras ellos juegan, se siguen asesinando mujeres y esto no está en ninguna agenda política.