Libertad Martínez

La ciudadanía necesita al PSOE

La ciudadanía española necesita al PSOE. Un partido de la izquierda que pueda liderar la oposición, si toca, pero también gobernar. Que la izquierda sea plural, que deba competir electoralmente y colaborar en ámbitos de gobierno, no puede ser argumento para que la cultura del socialismo democrático desaparezca del mapa de las alternativas de gobierno.

Los partidos políticos entran en crisis cuando dejan de ser útiles a la ciudadanía. Le pasó al PCE, cuando concluyó su función política; le ha pasado a IU cuando sus dirigentes renunciaron a su autonomía. El debate en Podemos tiene este origen: si no influimos en el gobierno para qué estamos. Y le está pasando al PSOE, que no sólo ha renunciado a ser relevante en la acción de gobierno sino, también, a influir en acuerdos parlamentarios o negociación política de mayorías.

La ciudadanía española, afirmo, necesita al PSOE; es decir, a una formación que ejerza una función política, proponga una propuesta ideológica y, desde luego, una estructura de partido.

Empezando por la estructura, el PSOE devaluó su carácter de partido convirtiéndose en un instrumento emocional. Presionado, aparentemente, por su izquierda, su dirección prefirió competir en el mercado emocional y compulsivo, antes que en el de las funciones políticas.

La dirección socialista no entendió que pasión política no es emocionalismo, que compromiso político no es principismo y que eslogan no es política. Esa confusión le ha desplazado a ser un componente del populismo social antes que un instrumento parlamentario, con un evidente riesgo de constituirse en un polo de minorías.

El rechazo a Rajoy no es el error. El error es renunciar a convertir la oposición en función política; la incapacidad, tras la zancadilla de Podemos en Marzo, de poner en valor una abstención traduciéndola en condiciones relevantes para la vida de la gente.

Es dudoso que veteranos de la socialdemocracia como Borrell, Corbin o Sanders puedan producir la renovación ideológica necesaria

Convertido en una formación emocional, la afiliación se ha ido alejando de su electorado. Conviene recordar que es función de las direcciones de los partidos evitar ese alejamiento entre militancia y votante. Ese equilibrio entre proyecto y función política es el que ha roto la traducción de primarias como elemento constitutivo de una organización política.

La dirección socialista debe recuperar una estructura de partido que ponga en valor decisiones colectivas, reflexiones que nacen del valor representativo de la democracia. En la actualidad, direcciones o grupos parlamentarios han perdido autonomía para ejercer su función. Cuando lo emocional prima, desaparece la política y hace innecesaria la estructura directiva.

No podemos ignorar que las dificultades de los socialistas no solo tienen su origen en el contexto español: se inscriben en una crisis de fondo de la socialdemocracia.

No es casualidad. Si se acepta el fin del estado de bienestar y, en consecuencia, se sustituye la concertación por el conflicto permanente, es inevitable que sobre la socialdemocracia. Reclamar los valores de la socialdemocracia es recuperar el valor del acuerdo social, la negociación y la intervención política en el mercado. Valores que están lejos del populismo y que, en el fondo, impidieron el llamado “sorpasso”.

Es por eso que es dudoso que veteranos de la socialdemocracia como Borrell, Corbin o Sanders puedan producir la renovación ideológica necesaria. Casi todos ellos mantienen una retórica que sintoniza más con la clase media enfadada que con el mundo del trabajo, la mediación social o de los sectores sociales que deben ser protegidos.

Por otra parte, la renovación ideológica no puede producirse en el vacío sino que debe acompañarse con ejercicio político útil para la ciudadanía. Abordar ambas cosas no será fácil para un partido tan emocional como el actual PSOE.

Los que no hemos sido nunca del PSOE no deberíamos creer que su recuperación procede de un camino hacia populismos. Desaparecida Izquierda Unida es necesario un recipiente de ideas de izquierda, de políticas y propuestas que cooperen a darle una salida a la enquistada política española, que se atreva a gobernar.