Julia Navarro

La otra cara del "escrache"

Vaya por delante que estoy en contra del "escrache", que todavía continúo creyendo que las instituciones democráticas deben de ser el cauce para expresar el malestar ciudadano y sobre todo para dar respuesta a los problemas de la sociedad. Pero también hay que exigir a los responsables políticos que de una vez por todas arbitren soluciones no solo para paliar los efectos de la crisis sino para detenerla.

Ha llegado la hora de que se produzca un cambio de política en nuestro país y en el resto de la UE

Resulta insoportable que haya miles de familias bajo la espada de Damocles del desahucio. Resulta insoportable que haya aumentado el número de pobres. Resulta insoportable que en nuestro país haya niños que pasan hambre. Resulta insoportable que los recortes en Sanidad estén poniendo en cuestión uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Resulta insoportable que la falta de ayudas en Educación hayan provocado la salida de la Universidad de cientos de jóvenes cuyos padres no pueden pagarles los estudios. Resulta insoportable que la reforma laboral haya aumentado el paro. Resulta insoportable que mientras tantos millones de personas sufren los responsables políticos parezcan instalados en una burbuja fuera de la realidad.

No, no estoy a favor del "escrache", creo que la solución a los desahucios no es presentarse en casa de los políticos acosando a su familia. Pero si creo que ha llegado la hora de que se produzca un cambio de política en nuestro país y en el resto de la Unión Europea. Los hechos son tenaces y lo único cierto es que la política de austeridad solo ha producido más crisis de manera que los países del Sur no tienen más remedio que plantarse ante los países del Norte, decir que hasta aquí hemos llegado, que haremos lo imposible por frenar el déficit pero sin inversión pública es imposible salir de la crisis.

Hay cientos de estudios económicos, amén de la experiencia durante décadas, que confirman que a cuanta mayor inversión pública, mayores niveles de empleo y bienestar. Ojo, el gasto público no tiene porque ser manirroto, al contrario, hay que gastar bien y ni un céntimo de más. Pero el ahorro excesivo nos está llevando a la miseria.

De manera que cabe preguntarse si es que los jefes de gobierno que mandan en la UE amén de los responsables de las instituciones económicas o bien son unos inútiles, lo que sinceramente cuesta creer, o simplemente estas recetas obedecen a otros intereses. Hasta ahora las recetas de austeridad han llevado aparejadas una disminución de derechos de los trabajadores y de los ciudadanos, un miedo cerval a perder los escasos empleos y por tanto a aceptar condiciones draconianas para seguir trabajando, una merma significativa del Estado de bienestar con la excusa de que los "expertos" (¿quiénes son?) aseguran que no nos podemos permitir una sanidad pública, ni una educación pública, ni un sistema de asistencia social tal y como lo hemos conocido. En definitiva, cada vez somos más pobres, con menos derechos y estamos más expuestos al albur de lo que decidan otros.

El "escrache" no se puede combatir con más guardias en la calle ni con represión sino con un cambio de política

La gente común no ha provocado la crisis financiera pero se ha convertido en la principal víctima mientras que los que la han provocado son aún más ricos de lo que lo eran.

Por eso, aunque no comparto el "escrache", me parece que los políticos no pueden seguir ignorando la desesperación de los ciudadanos y que por tanto ha llegado la hora de poner punto final a una política que solo provoca, insisto, miseria.

El "escrache" o el malestar social, la desesperación de quienes lo están perdiendo todo incluso la esperanza, no se puede combatir con más guardias en la calle ni con represión sino con un cambio de política. Si los responsables de nuestro gobierno y del resto de los gobiernos europeos no reaccionan y cambian de rumbo no podrán pedir a la gente que permanezcan quietos y se dejen despojar de lo poco que les va quedando. Para todo hay un límite e insisto no se puede llevar a los ciudadanos hasta la desesperación.


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