Julia Navarro

Derecho a discrepar

Se esgrime desde el Gobierno y por sus apoyos mediáticos que el PP ha ganado las elecciones por mayoría absoluta y que por tanto tiene barra libre para gobernar como crean conveniente.

Es verdad, el PP ha ganado por mayoría absoluta y tiene toda la legitimidad para aplicar su programa electoral, pero ganar por mayoría absoluta no significa que estén en posesión de la verdad absoluta y mucho menos que haya miles de ciudadanos que puedan discrepar libre y democráticamente de las decisiones gubernamentales. ¡Hasta ahí podíamos llegar!.

Dicho esto, vaya por delante que en mi opinión los sindicatos se han equivocado convocando una manifestación el 11-M, y que quizás se han precipitado en convocar la huelga general. El PP ha ganado las elecciones hace cuatro meses y por tanto tiene derecho a que le den un margen para acertar o equivocarse.

Pero también hay que tener en cuenta el argumento de los sindicatos para justificar la convocatoria de la huelga: les viene marcada por la decisión del Gobierno de aprobar una reforma laboral sin sentarse a negociar.

Pero más allá de la convocatoria de la huelga general, que es de esperar que el Gobierno no se instale en la soberbia por mucha mayoría absoluta que tenga, y por tanto se siente a escuchar y a negociar, yo creo que el problema de fondo es otro.

Estamos asistiendo a velocidad vertiginosa a un cambio de modelo en Europa. Ese cambio pasa por la sustitución del Estado del bienestar por un modelo más parecido al norteamericano. Ya en su día, Margareth Thatcher comprendió que para acabar con el modelo que había imperado en Europa después de la II Guerra Mundial, tenía que quebrar a los sindicatos. Es lo que hizo, la echaron un pulso, ella recogió el guante y les derrotó.

Ahora con la excusa de la crisis financiera los "mercados", a través del "Gobierno de la UE" impone a los países que deshagan el camino andado, es decir renunciar a todas aquellas conquistas de los trabajadores que dieron lugar a un contrato social y al Estado del bienestar. Esas renuncias, nos dicen desde el Gobierno, y desde otros gobiernos, son necesarias para salir de la crisis y crear empleo.

Yo, sinceramente no comprendo por qué para crear empleo es necesario que los trabajadores apenas tengan derechos, se les pueda despedir de un día para otro, los contratos sean de eternos becarios, se pueda prescindir de los trabajadores más veteranos y contratar a los hijos por la cuarta parte de lo que ganaban los padres. A eso le añaden recortes en la sanidad pública y en la educación, y una campaña de privatizaciones en Madrid nos quiebren privatizar hasta el agua, y ya tenemos un modelo distinto, desde luego con menos derechos.

Esto es lo que nos estamos jugando con la reforma laboral y con algunas de las medidas que viene adoptando el Gobierno Rajoy. Naturalmente que nadie se puede llevar a engaños. El PP es un partido de centro-derecha y, por tanto, está aplicando un programa de centro- derecha, aunque, todo hay que decirlo, ese contrato social que había sido la base de la estabilidad social y económica de Europa durante las últimas décadas, también había sido posible porque los partidos conservadores y democristianos europeos lo habían aceptado y avalado.

Es ahora cuando con la excusa de la crisis económica se quiere dar paso a una privatización paulatina de lo que hemos considerado servicios públicos esenciales, como la sanidad y la educación, pero que para algunos deben de convertirse en un simple negocio. Y es ahora cuando con determinadas reformas laborales en Europa, y en nuestro país, se está dando al traste con derechos esenciales de los trabajadores dejando su suerte en manos exclusivas de los empresarios. Y digo yo que cuando se cambia de modelo habrá que hablar, negociar, discutir, llegar a acuerdos o discrepar. Y que tan legítimo es querer cambiar de modelo como oponerse a esos cambios. De manera que es de esperar que desde el Gobierno se respete a los sindicatos y naturalmente los sindicatos respeten a quienes el 29 de marzo no quieran ir a la huelga. Pero querer demonizar y desprestigiar a los sindicatos como algunos hacen es peor que un error, porque además es dar una patada a nuestra Constitución donde se define el papel que los sindicatos juegan en nuestra democracia.

En nuestro país deberíamos de acabar con esa costumbre cainita de querer siempre acabar con el contrario y en caso de no poder, entonces desprestigiarlo.


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