Política en las redes: ni olvido ni silencio

El ministro De Guindos no citó al IVA al anunciar la próxima subida de impuestos, pero internet se incendió imparable y a los pocos minutos la palabra silenciada ya era trending topic en las redes sociales. Las fotos y la campaña del PP de hace dos años contra la subida del IVA corren por internet junto a las numerosas promesas de no subir el impuesto al consumo. Las hemerotecas están vivas y no dejan mentir ni engañar. Hace tiempo que internet es un gran archivo donde no hay derecho al olvido. La transparencia radical que impone cambia la agenda, los políticos ya no son impunes al tiempo real ni a la crítica en las redes. El tiempo del control de los mensajes ha pasado, quizá por eso arrecian los intentos de controlar internet.

 El ministro del Interior, Jordi Fernández Díaz, anunció hace unos días una reforma del Código Penal para endurecer y penar la convocatoria y organización de protestas en internet. Su anuncio sigue los pasos del gobierno conservador británico de David Cameron, empeñado en espiar las comunicaciones privadas y en internet. En Estados Unidos, la Cámara de Representantes acaba de aprobar la a Ley de Intercambio y Protección de Información de Inteligencia Cibernética (CISPA), en contra de la Casa Blanca, que permite colaborar a agencias de inteligencia y empresas privadas para vigilar a los ciudadanos y pone en riesgo su privacidad.

Los poderes reaccionan contra la pérdida de su control político o económico más allá de los derechos de los ciudadanos y de las libertades que amplía la red. Se endurecen leyes para atajar comportamientos que ya están regulados, pero los controladores buscan atajos.

Muchos políticos no soportan la pérdida de su influencia y la necesidad de dar la cara, no ya ante un grupo de periodistas en una rueda de prensa, sino ante muchos ciudadanos en tiempo real en las nuevas plataformas. Transparencia, responsabilidad, comunicación y honestidad son esenciales para la política en la era de las redes. Al político ya no le llega con encandilar a la televisión como en tiempos de Kennedy o de Felipe González, ni tampoco retirarse a La Moncloa y callar. Los ciudadanos quieren respuestas y credibilidad, más que los mercados a los que tanto se mima. El silencio y las promesas incumplidas ya no son impunes cuando la memoria de las redes no se agota.

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