Cine en internet, pero más barato

Internet puede no ser todavía negocio para el cine, como dijo el presidente de los cineastas, Enrique González Macho, en la entrega de los Goya, pero ya es una de las butacas preferidas por los espectadores. Televisiones como Telecinco o Canal+ se apresuran tras ellos y ponen las películas de los Goya en la red mientras el cine y los gobiernos van demasiado lentos para el mercado del tiempo real. Como en todas las carreras, los más rápidos tienen ventaja.

Telecinco, productora de No habrá paz para los malvados, triunfadora de los Goya, aprovechó el premio para ofrecer la película en Mitele.es por 4,72 euros. La televisión de pago Canal+ se apresuró a ofrecer la cinta en su canal premium por internet (Canal + Yomvi) y anunció que también se podrían ver otras películas premiadas como La piel que habito o Blackthorn.

Las televisiones rompen el sistema de ventanas de exhibición. Tienen la marca, la plataforma, la audiencia y los contenidos para hacerlo, las herramientas que le faltan al cine para aprovechar el negocio digital. Mientras los espectadores buscan sus contenidos preferidos dónde y cómo sea, la industria pierde tiempo en el desarrollo de nuevos negocios mientras en Europa la discusión sobre la distribución digital, el mercado único de contenidos y los derechos de autor (Libro verde sobre la distribución en línea de obras audiovisuales en la Unión Europea) muestra la lentitud legislativa y las diferencias entre autores, productores y distribuidores.

Un reciente estudio vuelve a demostrar lo que todo el mundo sabe: el público está dispuesto a pagar por cine y televisión de pago en soportes digitales, pero con precios más baratos, sin espera para disfrutar de los estrenos, para ver en cualquier dispositivo y con un sistema sencillo de elección.

Es la receta de Netflix, el servicio que desde Estados Unidos se ha convertido con 23 millones de suscriptores en la referencia mundial, presente ya en Latinoamérica, Gran Bretaña e Irlanda y que se espera en España. Netflix estrenará The Artist y otras favoritas de los Oscar antes que la televisión de pago y acaba de lanzar Lilyhammer, su primera gran serie sólo para medios digitales (OTT, over the top, en el lenguaje de la industria). La compañía quiere romper las barreras de pantallas, mercados nacionales, lenguas y ventanas de exhibición estrenando los ocho capítulos de la primera temporada a la vez para que el espectador elija cómo verlos y cómo compartirlos y promocionarlos en las redes sociales. Una nueva cadena de valor dibujada por todos los especialistas.

En esas barreras se centra el debate en Europa sobre la nueva distribución digital. La Comisión Europea quiere simplificar las licencias audiovisuales para adaptarlas a la oferta digital y construir un mercado único de contenidos. El Ministerio de Cultura español es uno de los más reacios, como ha vuelto a demostrar el ministro José Ignacio Wert al poner la ley Sindewert contra las descargas como premisa para la adaptación de la industria.

Cultura defiende (pdf) en la consulta del libro verde la vigencia del mercado nacional, el sistema actual de derechos de propiedad intelectual y la función de las sociedades de gestión de derechos de autor (Egeda, SGAE, etc.). Sitúa a la piratería como la barrera para el desarrollo de la industria digital y pide una remuneración por la comercialización digital pagada por el distribuidor final, además del cobro de derechos colectivos por las sociedades de autores. El ministerio de Wert también reclama la extensión de los derechos por las obras audiovisuales hasta los 95 años tras el estreno, vigente en Estados Unidos.

La televisión de pago quiere retener a sus abonados ofreciendo sus contenidos en cualquier pantalla y las cadenas en abierto amplían su oferta en internet. Todos saben que el crecimiento de las televisiones conectadas, la televisión inteligente y a la carta dejará de ser un sueño de los espectadores. Nadie quiere perder el negocio de la televisión con la irrupción de Microsoft, Google o Apple en la carrera por la televisión híbrida.

La industria se resiste porque los cines y la venta en DVD o formatos digitales son su mayor negocio. Se estima que los grandes estudios de Hollywood reciben 17,50 dólares (13 euros) por cada descarga digital y 8,95 euros por DVD frente a 2,6 euros por vídeo bajo demanda y 0,75 euros por cada visionado en un sistema de suscripción, los preferidos por los usuarios cuando lo importante es el acceso a los contenidos, no la propiedad.

Bajo precio, estrenos y acceso en cualquier pantalla. Es el futuro del cine y la televisión con ofertas premium en salas de alta calidad, 3D, etc y la estrategia más eficiente para luchar contra la piratería. El problema del cine es que esa demanda no puede sostener una oferta acostumbrada a las producciones caras y las alfombras rojas. El futuro del cine y los contenidos digitales pasa más bien por la receta de Jeff Bezos, el creador de Amazon: productos premium a bajo precio. La industria tiene el futuro en sus manos. Los espectadores ya han elegido. 


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