Juan B. Berga

Ellos son imbéciles, pero el dinero era nuestro

MAFO imputado. Se veía venir; cuando alguien convierte su nombre en una marca, se expone a la vanidad y la exuberancia de opiniones que, tarde o temprano pasan factura. Arrastra con él a la cúpula del Banco de España y ahonda la crisis en la que lo dejó. No es pequeña noticia: Rato ríe; Iberdorla , OHL y Meliá se carcajean. Y los demás vemos el estrépito con que cae el muro que protegió a reguladores y economistas de la élite bancaria.

Escribo de memoria, pero creo que fue por los noventa cuando Galbraith escribió un libro donde acababa diciendo que “todos los imbéciles son separados, tarde o temprano, de su dinero”. Lo que el bueno de Kenneth no dejó escrito es que el dinero era nuestro.

Las entidades financieras se fueron de burbujas y se dedicaron a pasar nuestros ahorros a la especulación. Nada que Ustedes no sepan.  No fue suficiente con arrebatarnos un tercio de nuestra riqueza o desahuciar a cientos de miles de clientes, el sector financiero español nos ha obligado a financiar un costoso rescate.

Un esfuerzo que, en su mayor parte, no se ha trasmitido a al economía real: la financiación a los hogares era a finales de 2016 inferior a la que era en 2013. A cambio, ni la capitalización, ni la solvencia, ni la rentabilidad bancaria han mejorado, en un tiempo en el que el dinero no vale nada.

Y la cosa es que seguimos sin saber por qué. No solo la investigación parlamentaria es insoslayable sino que el cambio ético en las prácticas bancarias es ineludible.

Cierto populismo judicial, cabe aceptar el reproche, nos ha traído algo que ya sabíamos: la responsabilidad de los supervisores. Lo irracional de las estrategias de Ordoñez, Salgado y Zapatero, que nos llevaron a un rescate aún no bien conocido y permitieron prácticas corruptas dirigidas por Rato.

No es tan importante la solvencia de los “indicios criminales” – que a ratos suenan a chisme- como la necesidad de someter a escrutinio prácticas supervisoras que nunca fueron transparentes.

Un muro ha protegido a los supervisores y los economistas de élite que gestionaron la crisis. Todo el equipo que dirigió, con una opinión u otra, el desastre de Bankia permanecían en su responsabilidad en el Banco de España.

Mientras, los exreguladores predicaban la bondad de sus decisiones y, como consecuencia, la responsabilidad del nivel político, a decir de Ordoñez, una parte de las “herramientas obsoletas” con las que el pobre debió trabajar.

El papelón de los economistas de élite del Banco recogiendo estos días firmas de apoyo, un afán corporativo de defensa digno de mejor causa, no es sino muestra de resistencia a reconocer que supervisores y economistas de élite fracasaron y son responsables del deterioro de la cosa pública. 

Una responsabilidad que en otras partes del mundo se ha reconocido, ha impulsado cambios en los programas de estudio, en los métodos selectivos y en la organización de los sistemas de supervisión.

Aquí, unos meses antes de la crisis, el Gobernador del Banco de España – Miguel Angel Fernández Ordoñez antes de ser conocido como MAFO- afirmaba que el español era el sector financiero mejor regulado de Europa, en coherencia con la “Champion League” de la economía en la que vivían Salgado y Zapatero.

El actual gobernador del Banco de España, consciente de lo que se le venía encima, en un artículo aparentemente exculpatorio,  aceptaba algún error. Pero, en previsión de que ocurriera lo que ha ocurrido, insistía mucho en que se distinguiera entre “insuficiencias y actuaciones susceptibles de reproche legal”.

Por mucho que los intereses corporativos insistan, la investigación de su responsabilidad expondrá sus miserias a nuestros ojos. Entonces, podremos decir: “ellos son imbéciles, pero el dinero era nuestro”