José Luis Gómez

El 15-M y Rosalía Mera

Justo cuando el Partido Popular asume el mayor poder municipal de la democracia, el Movimiento 15-M vuelve a casa, al menos para dormir. Llevan ya casi un mes de manifestación en contra del sistema político y financiero, y sus acampadas en diversas ciudades españolas se han hecho famosas en el mundo. Se van levantando bajo el lema "no nos vamos, nos expandimos". Su valor parece indiscutible. En Madrid, los indignados del 15-M transformarán su acampada de Sol en un campamento itinerante, y en Barcelona hablan de mantener la plaza de Catalunya como ágora de debate, pero solo durante el día. En este caso, la decisión de levantar la acampada rompió la unidad de los indignados, al no acatar un nutrido grupo la decisión de la asamblea de dejar de dormir en la céntrica plaza barcelonesa. También en Madrid y en otras ciudades hubo discrepancias internas sobre su futuro. Es normal.

Los movimientos sociales como el del 15-M son corrientes en torno a determinados valores que reivindican o rechazan decisiones políticas pero no son partidos políticos, con todo lo que eso supone de diferencias en materia de organización y estrategia. Ambos surgen de la sociedad civil pero sus medios son muy distintos y sus objetivos también: solo los partidos pueden perseguir el poder en una democracia.

Sea como sea, seguro que hay futuro para el 15-M. Y máxime ahora que la empresaria gallega Rosalía Mera, la española más rica, ha expresado su solidaridad con este movimiento. No es la primera vez que esta empresaria de lo políticamente incorrecto actúa de este modo. A raíz de la catástrofe del petrolero Prestige ya había estado al lado del movimiento Nunca Máis. Su mensaje no es de última hora: hace ahora cinco años me confesó en una entrevista para la revista Capital que "los partidos políticos no tienen tanta fuerza como ellos creen". La mujer más rica de España, que lo es gracias a que dio las primeras puntadas al gran proyecto de Inditex, está convencida de que "los países los hacen los ciudadanos, la sociedad civil". Y cualquiera le lleva la contraria.


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