Lo que oculta El Mundo sobre el 11-M

Con esa capacidad que tiene cierta prensa para el reciclaje de la basura, el diario El Mundo ha relanzado una nueva versión de su afamada teoría de la conspiración del 11-M. Desmentir la ingente cantidad de mentiras, medias verdades y falsos datos que rodean esta fabulación que va desde la Orquesta Mondragón hasta los desodorantes para los pies llevaría casi tanto tiempo y espacio como el que ha dedicado Pedro J. Ramírez a esta cuestión durante los últimos siete años. No es mi intención aburrir, así que me centraré en sólo dos de los últimos naipes con los que El Mundo construye este castillo en el aire: la inocencia del terrorista Jamal Zougam y la medalla de Javier Gómez Bermúdez.

¿La última tesis que El Mundo insinúa sin atreverse a decirla abiertamente? En resumidas cuentas, que Zougam ­–que cumple una condena de 42.917 años de cárcel por 191 asesinatos y otros 1.856 en grado de tentativa– es en realidad un inocente, condenado por el falso testimonio de dos testigos que mintieron deliberadamente ante el tribunal para poder cobrar la indemnización de víctima del terrorismo. Y que el juez Bermúdez participó en esta truculenta trama y condenó a este inocente a cambio de una medalla pensionada que le entregó el siempre malvado Rubalcaba.

¿Lo que no cuenta El Mundo? Al menos estas diez cosas.

1.     Que Zougam no sólo fue condenado por el testimonio de esos dos testigos cuya declaración El Mundo pone en duda. Hay también otros cuatro testigos más que identificaron a Zougam como una de las personas que colocó las mochilas explosivas en los trenes del 11-M. El tribunal desechó tres de los testimonios por no ser absolutamente claros, pero aun así quedaron otros tres.
 
2.     Que incluso si Zougam no estuvo en los trenes, como seis testigos declararon, había muchas otras pruebas incriminatorias de su participación en los atentados del 11-M como para que pagase en la cárcel con más años de los que dura cualquier vida.
 
3.     Que de la tienda de telefonía móvil de Zougam en Lavapiés salieron las tarjetas de teléfono móvil que utilizó la célula islamista que cometió el atentado y con las que se pusieron en marcha los explosivos.
 
4.     Que meses antes del atentado, Jamal Zougam ya había sido investigado por la Audiencia Nacional, a instancias de Francia, por su relación con una célula de Al Qaeda que había ayudado a preparar el 11-S.
 
5.     Que la coartada de Zougam (aseguró que a esa hora estaba en la cama) no se sostenía: que su hermanastro cambió su primera declaración, omitiendo algunos datos que le incriminaban a Zougam.
 
6.     Que es falso que Zougam fuera el único autor material del atentado que fue identificado. Otros testigos reconocieron también a otro miembro de la célula, que se bajó de los trenes, fue hasta una caseta de obra y allí se despojó de la ropa que llevaba y se puso otra. Una prueba genética de esa ropa determinó que ese individuo era uno de los suicidas de Leganés. Evidentemente no fue juzgado y condenado porque ya estaba muerto.
 
7.     Que no fue Javier Gómez Bermúdez el único juez que sentenció a Zougam como culpable. Entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, doce jueces decidieron sobre su caso y su condena. ¿Doce jueces erraron? ¿Doce jueces (e innumerables fiscales, peritos y policías) se confabularon para encerrar a un pobre inocente?
 
8.     Que tampoco es Gómez Bermúdez el único juez que ha recibido una medalla pensionada. Que esa misma Medalla al Mérito Policial con distintivo rojo la tienen Rafael Mendizábal, Carlos Bueren, Clemente Auger, Carlos Dívar, Guillermo Ruiz de Polanco, Baltasar Garzón, Fernando Andreu,  Fernando Grande Marlaska, Ignacio Gordillo o Javier Zaragoza, entre muchos otros jueces y fiscales.
 
9.     Que tampoco es el malvado Rubalcaba el único ministro que ha concedido esta condecoración. Que prácticamente todos los ministros del Interior, del PSOE o del PP, han otorgado estas medallas pensionadas desde los años 80. Sin ir más lejos, a Baltasar Garzón le condecoró en dos ocasiones Jaime Mayor Oreja.
 
10. Que la pensión no es precisamente un irresistible soborno como para que un juez prevarique y se juegue la cárcel y su carrera a cambio de meter en prisión a un inocente: hablamos del 10% del sueldo base sin complementos. Más o menos, unos 170 euros mensuales.