Donde dije copago digo diego

El Gobierno rompe otra promesa electoral, otra más: llega el repago para los jubilados. De las “rentas altas” de las que hablaba “como opinión personal” el ministro De Guindos, hemos pasado a una subida en el precio de los medicamentos para aquellos ‘millonarios’ que ganen más de 22.000 euros al año. La palabra del PP cada día vale menos. Antes hacía falta remontarse unos meses para encontrarles en falta. Ahora basta con mirar la hemeroteca de la semana pasada.

El repago anunciado ayer es injusto porque carga la factura contra los más débiles. Por supuesto, las rentas más altas tienen que pagar más, pero a través de los impuestos. Subir el repago en los medicamentos, aunque se discrimine levemente en función de la renta, es crear un impuesto a la enfermedad completamente insolidario. Para los pensionistas –por edad, quienes más servicios requieren de la sanidad– es un nuevo hachazo.

Por mucho que se repita, el gasto sanitario español no es especialmente alto: al contrario. Si hay un déficit en las cuentas de la sanidad no es porque sea insostenible, sino porque las comunidades autónomas se hacen trampas al solitario y presupuestan menos fondos de lo que de verdad cuesta. Tenemos uno de los mejores de sistema de salud públicos del mundo que sale muy rentable: permite a los españoles ahorrar porque su buen funcionamiento evita que tengamos que pagar carísimos seguros privados, como pasa en los países donde la atención sanitaria es solo para el que puede pagarla. Ahorrar en sanidad a la larga sale caro. A no ser, claro está, que sigamos los consejos del FMI y pretendamos ahorrar en pensiones muriéndonos antes.

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