Carta a Jesús Encinar

Mi amigo Jesús Encinar, fundador de Idealista.com y de 11870.com, ha publicado en su blog una dura crítica contra el recuperado Impuesto de Patrimonio. Ésta es mi respuesta.

Apreciado Jesús,

Hablas de lo que pasará cuando entre en vigor el nuevo Impuesto de Patrimonio y pronosticas toda una serie de desgracias –más IVA, menos recaudación, más fuga de capitales…– y olvidas algo esencial: que este “experimento” no es una novedad en España, que tenemos 30 años de estadística fiscal sin que pasase todo eso que ahora pronosticas con su vuelta, a pesar de que su configuración anterior era más gravosa de la de ahora.

De hecho, la práctica suele ser justo la contraria: rebaja de impuestos significa menos recaudación, no más (y viceversa). Los mismos pronósticos sobre que subir impuestos implicaría menos ingresos se dijeron hace un año con la subida del IVA, y no ha sido así. Por el contrario, en España llevamos bajando impuestos diez años (el otro día, en una entrevista, Rubalcaba cifró la rebaja a lo largo de la década en 28.000 millones de euros anuales) y eso sólo ha provocado, evidentemente, menos recaudación, no más. Tampoco ha evitado que los riquísimos se llevasen sus fortunas fuera.

Respecto a la fuga de capitales y los paraísos fiscales de las grandes fortunas, es obvio que se producen. Pero da casi igual lo que renuncies a que los ricos paguen impuestos no ya más, sino en el mismo porcentaje que los trabajadores de la clase media. La evasión fiscal no es novedad: los Botín tenían una cuenta en Suiza desde el 1936. Y en España, a pesar de este nuevo impuesto, la presión fiscal sobre las grandes fortunas sigue siendo inferior a la de Europa. Sí, podría ser todavía más baja. Pero así tampoco conseguiríamos recaudar más impuestos, sino probablemente menos. Un dato: en año (2010), según la propia Agencia Tributaria, el tipo medio efectivo real del impuesto de sociedades ha sido del 9,9% sobre beneficios. Es decir: las empresas españolas, de media, han pagado por sus beneficios menos del diez por ciento y menos incluso que el tipo nominal en Irlanda, que es del 12,5%. En parte es por la crisis, pero también por determinadas maniobras fiscales que Hacienda tolera, y también por las numerosas desgravaciones.

Yo también le veo pegas al impuesto de Patrimonio en sí. No tanto por la doble imposición (también paga dos veces, por ejemplo, el taxista que paga impuestos por su carburante y por la renta que obtiene de él) sino porque es una medida insuficiente. Creo que es necesaria porque va en la buena dirección: mayor redistribución de la riqueza, mayor recaudación y mayor justicia fiscal. Es falso también que afecte a la clase media porque no podemos llamar clase media al 0,3% más rico de los españoles. Aunque estoy de acuerdo en que esto no arregla el gran problema de nuestras cuentas públicas.

Puestos a elegir, preferiría una reforma integral del sistema fiscal, que hace aguas por todas partes. Tenemos un país que recauda poco (el 31,5% del PIB frente al 40% de media europeo), recauda de forma injusta (el esfuerzo fiscal de las clases medias que trabajan por cuenta ajena, los asalariados, es mayor que la media de la OCDE), mantiene una altísimo porcentaje de la economía sumergida (el 20%) y, encima, no sólo no ayuda a generar empleo, sino que es una de las causas del altísimo paro.

En España la progresividad fiscal, a pesar de que está consagrada en la Constitución, sólo existe en la práctica para las rentas del trabajo por cuenta ajena: para la verdadera clase media. A partir de determinados ingresos y rentas, la presión fiscal no sólo no aumenta sino que disminuye. La curva de la presión fiscal, más que ser progresiva, tiene la forma de la boa que se comió al elefante: los pobres pagan poco, las clases medias pagan mucho, los ricos pagan poco y los riquísimos pagan menos aún.

Probablemente, la solución más eficaz para España –aunque también muy injusta y regresiva– pase por una reforma que combine una rebaja de las cotizaciones sociales (de las más altas de Europa), con una subida del IVA (de los más bajos de Europa). Es lo que desde hace años nos pide la Unión Europa y tiene su lógica. A mí, defensor convencido del valor de la equidad y de la justicia social como buen negocio para los países, me gustaría que, ya de paso, aprovechásemos para equipararnos con Europa también en gasto social (en porcentaje del PIB, no hablo de cifras absolutas). Y también que se pusiesen en marcha otros mecanismos y reformas que ayudasen a pasar el trago de una subida del IVA a la clase media baja, los pensionistas, los parados…, las personas que más notarían en su renta un aumento del IVA, pues todo lo que tienen lo gastan en consumo casi de supervivencia.

Puestos a recaudar entre los más ricos, que falta hace, hay una opción muy sencillita: aumentar el IVA en los productos y servicios de lujo (hoteles de cinco estrellas, coches deportivos, pieles, joyas y demás). Porque lo que no es normal es que un cliente del Ritz, o del Bulli, pague menos IVA que una mujer por sus tampones.

Un abrazo,
Ignacio Escolar


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