Carlos Miranda

Jugando con fuego

La larga y compleja Historia de Ucrania incluye invasiones mongoles, turcas, polacas, lituanas, austriacas, alemanas y rusas. Su población ha padecido ocupaciones, deportaciones, exterminios, la colectivización forzada de su riqueza agropecuaria, el comunismo soviético e incluso recibió el regalo envenenado de la Crimea rusa en 1953. "Regalo" de cuando el ucraniano Jrushchov era el Zar comunista en el Kremlin soviético. Su relación con Rusia siempre ha sido especial. Cuando la explosión de la URSS tras la caída del Muro de Berlín y el subsiguiente desmembramiento de la propia Rusia la independencia de Bielorrusia y de Ucrania fue para los rusos un golpe muy duro.

El sueño de Moscú sigue siendo el soviético de eliminar a los EEUU de Europa

La Rusia débil de entonces, y resentida por pagar el pato del fin de la Guerra Fría, ya no es tan débil aunque siga resentida lo que dificulta su entendimiento con Occidente, sea este la OTAN, los EEUU o la UE. Ahora con un líder nacionalista y autócrata como Putin al frente Moscú pelea por recuperar el estatuto de potencia mundial que tuvo cuando era la Unión Soviética y por evitar que sus antes súbditos y ahora vecinos salgan de su zona de influencia y pasen a la euroccidental, EEUU incluidos porque el sueño de Moscú sigue siendo el soviético de eliminar a los EEUU de Europa. Es una ambición geoestratégica para tener sus manos más libres en Europa.

Para Moscú lo que ocurra en Ucrania, en el umbral de su propia casa, es, pues, muy importante. Sin perjuicio de apoyar una independencia verdadera de Ucrania y su libre acercamiento al mundo occidental, si ese es su deseo, la UE y los EEUU no debieran de actuar de un modo que atente gratuitamente a los intereses de la vecina Rusia. Es el caso de aplicar el dicho italiano de “ chi va piano va lontano", y más sabiendo que el carácter democrático de Putin está seriamente en entredicho. Si algunos piensan que Ucrania debe de ser rápidamente absorbida por la UE o por la OTAN, o por ambas, están equivocados.

Las señales dadas por Putin en la cuestión ucraniana, incluida la última y peligrosa puesta en alerta de sus fuerzas armadas, parecen recomendar actuar con prudencia sin renunciar a la firmeza. Un futuro de Europa se está jugando ahora allí y el mismo se verá afectado por la situación en la que desemboque Ucrania, que parece vivir ahora un periodo desordenado más que revolucionario, y que podría afectar a su integridad territorial. 

En Ucrania Putin puede perder ahora los puntos ganados en Siria

Es pues ahora un momento muy indicado para no jugar con fuego. Sin embargo parece como si alguien hubiese distribuido cerillas por doquier. No nos equivoquemos: en el reparto de papeles de esta película a Putin le toca el de Darth Vader y con este personaje  siempre hay que tener cuidado porque es mal enemigo y no tiene miramientos cuando le tocan las narices y los occidentales le están tocando las narices en su opinión, y algo de razón puede que tenga.

Rusia, la soviética, perdió la guerra fría y el precio que pago por ello fue enorme. Pero su heredera disminuida, la Federación Rusa, no quiere pagar más facturas. Putin empezó la remontada el en Cáucaso con Chechenia y Georgia erradicando terrorismo y secesionismo en el primer caso y aprovechando imprudencias y graves errores  de cálculo georgianos en el segundo para satelizar dos pequeños territorios rusófilos de Georgia que no querían separarse de Moscú: Abjasia y Osetia del Sur. Ucrania es otro bocado bastante más complicado pero nuestro Darth Vader moscovita se juega su prestigio y el de Rusia, y su estabilidad aunque, también, se está jugando respetabilidad mundial sin perjuicio de que esta no sea inmaculada. En Ucrania Putin puede perder ahora los puntos ganados en Siria.

Ucrania debe ser lo que quiera aunque no está muy claro lo que de verdad quiere porque parece muy dividida. Timoshenko jugo con cerillas rusas y acabo encarcelada. La UE jugo con esas mismas cerillas y Yanukóvich le dio un portazo amparado por Putin. Yanukóvich midió mal las cerillas encendidas por nacionalistas y europeístas ucranianos en la plaza de Maidán y estos le destronaron. Varios ministros de Exteriores de la UE negociaron antes un acuerdo aparentemente razonable entre poder y oposición pero en pocas horas sus dedos se quemaron en la revuelta callejera. 

 Putin ha tirado de sus tanques, Obama de la chequera para ayudar al nuevo régimen y Europa debe insistie en la vía de la intermediación

Ahora Darth Vader ha encendido nada menos que la peligrosa e irresponsable mecha de unos ejercicios militares. Se puede quemar pero también se pueden quemar otros si esos otros se ponen nerviosos. En este sentido los ministros de defensa de la OTAN, casualmente reunidos ese mismo día, han hecho bien al no responder a la provocación de Putin, exigirle transparencia al respecto para evitar malas interpretaciones y en respaldar, al igual que en la UE, una Ucrania democrática que mantenga su integridad ya que ese es el precio que puede tentar a Putin si ve que se le escapa definitivamente Ucrania. Crimea, donde está la flota rusa del Mar Negro, en Sebastopol, es la primera tentación y una partición más profunda de Ucrania la otra y en esta Crimea de gran mayoría rusa ya movieron ficha paramilitares que quieren independizar a Crimea o devolverla a Rusia.

Lo mejor sería que todos vuelvan a guardar sus cerillas, atiendan a sus teléfonos rojos  y logren un acuerdo que respete la libertad ucraniana y los intereses rusos y occidentales que sean legítimos recuperando en la región una estabilidad necesaria para Europa. Putin ha tirado de sus tanques, Obama de la chequera para ayudar a un nuevo régimen ucraniano y Europa debe insistir en la vía de la intermediación. Un acuerdo entre los tres con Ucrania es la mejor solución.

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