Carlos Miranda

Carrusel político

Carrusel político

Al PSOE empezó a irle mal en el segundo mandato de Jose Luis Rodriguez Zapatero cuando sus políticas sociales se vieron cortocircuitadas por la crisis económica, importada, profunda y duradera. 

La socialdemocracia europea fue castigada por su electorado por no prever, le acusaron, el vendaval y no impedir, luego, sus efectos negativos en las clases medias y populares ni lograr un reparto equitativo de la factura con los pudientes. Tampoco supieron mantener, añadieron, una economía socialmente justa en medio de una globalización ineluctable pero no siempre bien regulada y de unos avances tecnológicos imparables que afectan a un mercado laboral en profunda transformación.      

El turno de Zapatero en la Moncloa fue de los más progresistas. Sin embargo, parte del electorado socialista le culpó de la crisis y se dejó seducir en 2011 por las promesas electorales de Mariano Rajoy facilitándole una mayoría absoluta. Mejor le hubiera ido a ese electorado adúltero con Alfredo Perez Rubalcaba. Hubiera habido ajustes, sin duda, pero los aspectos sociales hubieran sido mejor considerados. 

En los desencantos amorosos, y votar es esencialmente un acto pasional de confianza, cuesta volver a casa. Ese electorado que por castigar al PSOE probó el espejismo del PP deambuló luego, nuevamente desencantado, hacia Podemos, un partido fuera de la realidad internacional y a veces, también, de la nacional. Una consecuencia fue la preeminencia de Rajoy incluso sin mayoría absoluta y ello a pesar de una imagen de enorme corrupción en su partido. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, dice el refrán. Otra consecuencia fue el mantenimiento del PSOE en horas bajísimas. Lo comprobó Pedro Sánchez obteniendo los peores resultados del PSOE: 90 diputados en 2015 y 85 en 2016. 

No obstante, ha finiquitado la somnolencia socialista iniciada con la defenestración de Sánchez en el otoño de 2016 por un “no es no” suicida en opinión de barones socialistas asimismo inquietos por posibles amoríos desenfrenados con Podemos. Con la reelección de Sánchez a la Secretaria General del PSOE hay quienes quieren ver una oportunidad para derrocar a Mariano Rajoy mediante una moción de censura

Sin embargo, es improbable un acuerdo entre PSOE, Podemos y Ciudadanos para formar o apoyar un gobierno que sustituya, sin elecciones generales de por medio, al actual. Otra cosa es que puedan ponerse de acuerdo en el Parlamento para determinadas decisiones. Tampoco es realista un acuerdo de gobierno entre PSOE, Podemos e independentistas.

En Castilla La Mancha tendremos ahora una coalición entre PSOE y Podemos. Allí el PSOE es dominante en la izquierda (36%). Podemos no llega al 10%, pero habrá que ver cuán condicionante será. Los inquietos pensaran en la nefasta influencia de la CUP en Cataluña. Otros dirán que ya se han vivido en el pasado acuerdos con Izquierda Unida incluso con la derecha y aquí seguimos todos. Al nivel nacional el panorama es diferente porque socialistas y podemitas están prácticamente igualados y son otros los temas por acercar. 

Mientras tanto, aprobado el techo de gasto para 2018, el próximo desfiladero realmente peligroso para Rajoy estará en diciembre cuando pretenda la aprobación de los presupuestos para 2018. Él piensa que los indios dejarán pasar otra vez la diligencia con los caudales. De lo contrario, tendrá que adelantar las elecciones.

Naturalmente, podría sucumbir antes tras declarar este mes como testigo en el juicio de Gürtel o este otoño en el choque de trenes catalán, pero es improbable. Haya o no referéndum el 1 de octubre, solo después podría volver la hora del dialogo. Las propuestas socialistas pueden ser una base para ello, aunque la “plurinacionalidad” añadida en Barcelona a la Declaración federalista socialista de Granada de 2013 pueda complicarlo y sería un error retribuir a los actuales y desafiantes dirigentes catalanes

Donde prevalecen los populismos sus recetas tienden más a crear barreras que a resolver solidariamente las desigualdades. La globalización no es la culpable. Bien regulada -esa es la cuestión- es la única fórmula de progreso general planetario frente a quienes creen que con barreras artificiales impedirán el paso de personas, bienes e ideas. Tampoco evitarán el avance tecnológico y la robotización que obligan a redistribuciones laborales cuyo impacto hay que atender. 

En Francia, Emmanuel Macron se ha impuesto ahora con una filosofía de aunar en el centro a quienes viniendo de la izquierda y de la derecha quieran forjar una Francia económicamente reformada e internacionalmente protagonista en una Europa fuerte para el siglo XXI. En otros países noreuropeos, como Alemania, hay gobiernos de coalición que agrupan a izquierda y derecha.

En España lo más cercano al centro son Ciudadanos, más a la derecha, y el PSOE, más a la izquierda. Sin embargo, el foso ideológico se profundiza cuando el PSOE se acerca a Podemos. Entre original y copia suele prevalecer el original y comensales más centristas pueden preferir otros banquetes o ayunar. 

Carlos Miranda es Embajador de España