Borja Gutiérrez

Aló, Carmena

“Imaginad: Sicilia, año 1920…” con esta frase recurrente, comenzaba a narrar Sophia (de la mítica serie cómica de televisión Las chicas de oro, que arrasó en los años ochenta), infinidad de recuerdos sobre historias surrealistas e inverosímiles vividas en su juventud, en su Sicilia natal. Pues bien, queridos lectores, no nos hallamos en Sicilia, ni en los años veinte, pero podríamos perfectamente hacerle la competencia a Sophia, al reflexionar sobre el momento político que nos ha tocado vivir, especialmente disparatado y en no pocas ocasiones esperpéntico, por las acciones de la izquierda radical, que sigue empeñada en mirarse el ombligo y, si pudiera, en cortar el cordón umbilical que les “une” con España, con nuestro sistema y nuestras instituciones.

Y en esta España de pueril y mediocre dislate de la Izquierda, la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, ha propuesto sancionar al alcalde de Cádiz “Kichi” con una multa de 1.500 euros por enfrentarse a la Policía en una pelea con hinchas en el Ramón de Carranza.  En Barcelona, Ada Colau, ha tomado la ridícula decisión de cambiar el nombre del salón de la Reina Regente por el de un alcalde republicano.

En Madrid no nos quedamos cortos; la portavoz de Ahora Madrid en el Ayuntamiento, Rita Maestre, ha tenido serias desavenencias con la Policía Local a raíz de un enfrentamiento con unos manteros que terminó con parte de lesiones a varios agentes de la autoridad, a los que Maestre ninguneó afirmando en su explicación de los hechos, que había sido un simple forcejeo, desacreditando así la veracidad de las afirmaciones del cuerpo de Policía.

Como no podía ser menos, por su parte, la alcaldesa Carmena, se halla afanada en montar una emisora de radio municipal, sin duda, uno de los asuntos prioritarios para una capital cuyo gobierno dinamita las grandes inversiones, se despreocupa de la limpieza de sus calles, coquetea con las redes de manteros que compiten ilegalmente con los comercios de la ciudad, ridiculiza las raíces y tradiciones de todos los madrileños, ningunea a los cuerpos de seguridad, etc., etc.… Eso sí, está tan preocupada por la agricultura ecológica, que planta lechugas en la azotea del edificio consistorial.

Al respecto de la emisora pública, ya se ha ocupado la portavoz municipal, Rita Maestre, de explicar que en un año analizarán la audiencia y, entonces, decidirán qué hacer con la emisora. ¿Será éste el  primer paso de la alcaldesa para alcanzar el estrellato audiovisual, tal como hiciera Hugo Chávez, al más puro estilo boliviariano con su “Aló, presidente”…? Nos lo dirán las audiencias…

Y, en todo este contexto, nos vemos inmersos como testigos de una situación más dantesca aún si cabe: la grave crisis interna que adolece Podemos, cuyos miembros ya no pueden  disimularla, echando como hasta ahora, la culpa a los medios de comunicación empeñados en ver cosas donde no las hay. La formación morada vive una crisis en toda regla.

Una crisis que se ha ido fraguando durante mucho tiempo, y que en las últimas semanas se ha agudizado de forma frenética, empujada por la deriva de un país que, a pesar del bloqueo del PSOE, busca con urgencia la formación de un gobierno, y que tal como la propia jefa de gabinete de Pablo Iglesias, Irene Montero, ha reconocido, en el epicentro del conflicto entre Iglesias y Errejón se halla, precisamente, en la disparidad de criterios en la concepción sobre cuál debe ser la relación de Podemos con el PSOE.

La polémica entre los líderes que pareció comenzar como una diferencia entre el modelo y la estrategia a seguir, se ha convertido en una manifiesta lucha por el poder, servida en bandeja a todos los ciudadanos, en el escaparte de las redes sociales. Está claro que Iglesias no quiere asumir el coste de la decepción electoral del pasado mes de junio, responsabilizando en gran medida a Errejón, director de la campaña.

Pero la brecha que existe entre ambos, es mucho más profunda que una mera cuestión de resultados electorales, Iglesias considera que Errejón es un blando ya que él es mucho más partidario de postular un ataque frontal e inmediato contra el orden vigente, mediante el tono duro y radicalizado que se manufacturó el 15-M.

Podemos no se concibe sin la imagen de marca que es, en sí, Pablo Iglesias, quien no va a tolerar ningún desafío a su autoridad. Tan solo hay que ver la purga fraticida que está llevando a cabo dentro del aparato, al más puro estilo comunista leninista.

Sin duda, el día 9 de noviembre es una fecha clave, ya que ese día se conocerán los resultados de las primarias para renovar la dirección en Madrid, además de Andalucía, Extremadura y Comunidad Valenciana. Ambos, tanto Iglesias como Errejón, tienen la necesidad de hacerse con el control de la federación, a escasos meses de la celebración de una asamblea estatal.

Veremos cómo acaba todo este asunto de deriva populista, que para el conjunto de los morados, ya sean “pablistas” o “errejonistas”, no pinta nada bien.  Para el resto de ciudadanos, quienes creemos en España y en nuestro sistema constitucional, (el mismo que ellos quieren destruir),  el abismo abierto entre los dos líderes populistas resulta una buena noticia. Suceda lo que suceda, nos lo radiará la emisora de Carmena.