La noche de los Goya hizo justicia, por llamarlo de alguna forma, con una de las películas más redondas y luminosas de 2008. Camino, pese a ser presentada con un envoltorio algo morboso y polémico -está inspirada en los padecimientos de la niña Alexia González-Barros desde el planteamiento de la organización religiosa del Opus Dei-, dibuja un auténtico cuento de amor, de primer amor, en una mente infantil atenazada por una terrible enfermedad y un incomprensible mundo de adultos entregados ciegamente a la fe mal interpretada.
El título, que da nombre a la niña protagonista, encierra toda una metáfora de la historia más personal rodada por Fesser: el camino marcado, ya existente e inmodificable, de las ideas que no admiten cuestión y que engrosan los "estatutos" de cualquier fundamentalismo. El director, que juega a ser mago con su obra, se las apaña para burlar ese sendero ya trazado y ofrecer una nueva mirada llena de luz cegadora y optimismo. La niña protagonista, Nerea Camacho, no merecía menos.
No hay 'Camino' sin Nerea
Ya dijo Fesser que, sin haber encontrado a su protagonista, resultaba pretencioso haber querido realizar Camino. La pequeña Nerea Camacho llena la pantalla y apoya el peso de su interpretación sobre la escolta de lujo de grandes intérpretes como Carme Elías, Mariano Venancio y Jordi Dauder. El equipo de actores impulsa el triunfo del filme al presentarse capaces no ya de actuar sus personajes, sino de convertirse en ellos, como aconsejó Steven Spilberg a una Drew Barrymore recién descubierta en ET. La verdad atraviesa las entrañas de cada uno de los actores para conectar con el espectador, pegado a la butaca ante tal condensación de cine en estado puro.
Luz, tinieblas, vida y muerte pugnan en Camino protagonizando un agónico duelo para el que el mago Fesser tiene un claro favorito por el que se decanta con valentía y en voz alta: el amor gana la batalla frente a la muerte. Con dibujos de colores chicle, bailes imposibles y un amistoso ratón visto desde unos enormes ojos verdes, Fesser logra recrear la misma esencia del amor, que no es sino el primer enamoramiento de una niña que sólo deseaba que él lo supiera.
