"En un plan estrictamente económico, el éxito alemán es de forma indiscutible fuente de desequilibrios en Europa. Los productos Made in Germany son tan competitivos, los costes de trabajo tan controlados que conquistan sin problema los demás países de la zona euro, incapaces de resistir frente a tal competencia. Alemania se ha beneficiado del euro más que cualquier otro país europeo. Efectúa el 44% de sus exportaciones en el seno de la zona monetaria común, es decir el 15% de su producto interior bruto (PIB). Las importaciones francesas, griegas, españolas han sido un elemento clave de su crecimiento estos diez últimos años. ¿Deben ahora los alemanes obligarse a consumir productos 'Made in PIGS', o reducir sus exportaciones para ayudar a países que han vivido con crédito y disimulado sus cuentas públicas? La lógica de los economistas se tropieza aquí con el sentido común político pero también con la moral. Si es fácil pedirle a un país con déficit de dejar de vivir por encima de sus posibilidades, es más difícil de llevar a una hormiga virtuosa hacia el vicio".
