no sólo recrea fielmente la serie de exitosas entrevistas entre el periodista y el presidente que cautivaron a la audiencia de EEUU y que fueron vistas por más de 45 millones de telespectadores sino, sobre todo, las semanas de maniobras, preparación y negociaciones que llevaron a cabo los dos protagonistas y sus respectivos equipos para librar este duelo cara a cara con las ideas y las palabras como únicas armas.
Las entrevistas, en las que se pactó que sólo la cuarta parte de los contenidos versaría sobre el caso Watergate, fueron una batalla entre dos hombres públicos que luchaban por salvar su vida profesional y en la que sólo podía haber un vencedor. La victoria o derrota dependería de la estrategia utilizada.
"Sólo puede ganar uno de los dos" le dice Frost a Nixon en una conversación telefónica previa a la cuarta y última entrevista, a lo que el presidente le responde crudamente: "Seré su adversario más encarnizado. Le atacaré con todo lo que tengo a mano. El foco sólo pude alumbrar a uno de los dos. El perdedor acabará en la jungla, sin nada, sin nadie que le haga compañía excepto las voces en su cabeza".
Tras su dimisión, el presidente se retiró de la vida pública y permaneció en silencio. Se exilió en California en la Casa Pacífica, un chalet solitario y tranquilo -en donde, por cierto, el equipo de la película consiguió rodar- pero en 1977 aceptó conceder una única entrevista con David Frost acerca de su mandato y las polémicas que acabaron con su presidencia.
Frost era un presentador británico de programas banales y, por ello, no fue considerado por muchos como capaz para afrontar el encuentro. Ni siquiera el propio equipo de Frost -formado por dos brillantes asesores: Bob Zelnick un veterano periodista (Oliver Platt) y el escritor James Reston Jr (Sam Rockwell)- estaba seguro de que el showman fuera capaz de llevar a Nixon adonde querían.
Sin embargo Nixon y su jefe de equipo, interpretado por Kevin Bacon -que ya trabajó hace años con el director en Apolo 13- estaban seguros de que podrían con él y se ganaría los corazones y las mentes de los estadounidenses y dar un giro a la opinión pública.
Conocer al "verdadero" Nixon
El filme, cargado de suspense y tensión interpretativa hasta el último minuto y cuyo final tiene una fuerza portentosa, tiene como objetivo dar a conocer al "verdadero Nixon" a través de las entrevistas.
Además de la magnífica ambientación y recreación de los escenarios decorados al estilo de los años setenta que dan verosimilitud a la historia, cabe destacar el grandioso y memorable el papel de Langella, cuyo nombre ya suena entre los favoritos para conseguir una nominación a un Oscar este año.
El actor, con su voz ronca y con los gestos emblemáticos del presidente, ha estado asombroso en este papel que ya llevaba interpretando casi dos años en la obra de teatro homónima dirigida por Michael Grandage en Londres.
es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro escrita por el guionista y dramaturgo Peter Morgan, quien quedó fascinado al conocer lo que el periodista David Frost había sido capaz de conseguir del astuto presidente en las célebres entrevistas y por el contraste entre la vida de ambos personajes.
Frank Langella, uno de los grandes del cine estadounidense y a quien pudimos ver hace no mucho en otro filme político-periodístico como Buenas noches y buena suerte, insistió en que trató de construir su propia versión del ex presidente para evitar convertirse en una réplica, lo que le permitió adentrarse en la personalidad del ex mandatario. "Nixon era inteligente y rápido en sus contestaciones, pero daba una imagen terrible delante de las cámaras y sufrió de eso, con el sudor, su rostro gris, sus gestos" afirmó el actor.
El resto del reparto está compuesto por Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) en el papel de Caroline Cushing, la novia de Frost; Toby Jones (Historia de un crimen, El velo pintado) como Irving "Swifty" Lazar, el representante de Nixon, y Matthew Macfadyen (Orgullo y prejuicio, Un funeral de muerte) como John Birt, el productor británico de Frost.
La opinión como herramienta para el poder
Queda demostrada en eta historia la relación entre el poder y la opinión y la borrosa responsabilidad del cuarto poder a la hora de influir en la opinión pública.
Hacía tiempo que los políticos se esforzaban en controlar los medios mediante mensajes perfectos, pero con la aparición de la televisión nació un nuevo método para ganarse a la opinión pública.
Es extraordinario el planteamiento de esta historia, que podría haberse contado desde muy diversos puntos de vista, y que trata de acercarse a la imparcialidad mostrando los puntos fuertes y débiles de cada uno de los protagonistas e intercalando sus anécdotas y declaraciones para darle forma de falso documental.
El film es además un ejemplo de periodismo de investigación llevado a cabo por Carl Bernstein y Bob Woodward con la estimable colaboración del recientemente fallecido "Garganta Profunda", para destapar el escándalo.
