Los incidentes causados por la acción de los piratas en aguas próximas a Somalia han saltado a los primeros planos de la actualidad. Muchas fórmulas se han sugerido para acabar con la piratería, como la organización de convoyes protegidos, de tripulaciones armadas o dotaciones de seguridad en los buques, la obligación de atenerse a rutas prefijadas, etc. No se va a insistir aquí en ellas, pues casi todas son razonables y razonadas, aunque estén a la espera de que exista la necesaria voluntad política en las grandes potencias navales para aplicarlas. También están a expensas de que la piratería, al verse hostigada, cambie su forma o sus zonas de actuación y el problema se reproduzca con distintos datos y exija nuevas soluciones.
Lo que más llama la atención es que en muchos medios de comunicación se ha solicitado la opinión de los lectores sobre este asunto. En uno de ámbito internacional y reconocida solvencia, como es la BBC británica, la participación ha contado con ideas procedentes de todos los puntos cardinales. Merece la pena reseñar algunas de las sugerencias recibidas.
Desde Los Ángeles (EEUU), un participante sugiere que en Somalia no existiría la piratería si EEUU no hubiera aniquilado por la fuerza el incipiente Gobierno de los Tribunales Islámicos, que pretendía poner orden en el país. Y se pregunta "dónde estaba la heroica fuerza naval internacional, cuando buques extranjeros vertían en sus aguas desechos muy contaminantes y expoliaban los bancos de pesca somalíes. Si no se hubiesen maltratado esas aguas, los piratas se ganarían la vida pescando, como hacían antes".
Contrasta con la anterior la ácida opinión de un ciudadano de Taiping (Malasia), territorio de vieja tradición pirata, que cree que lo mejor sería matar a todos los piratas y hundirlos en el mar: "Resultaría más ecológico, porque se reciclarían como alimento para la pesca. Nuestro superpoblado planeta no necesita seguir contaminado con 'genes humanos nefastos'. Solo los que se comportan como seres humanos merecen ser tratados como tales".
Desde Cheltenham (Reino Unido) se apunta un procedimiento muy expeditivo: destruir cualquier embarcación con piratas a bordo, haya o no rehenes en ella. "Perder unos pocos rehenes salvará la vida de muchas personas más y se ahorrará el coste de las operaciones de rescate. Si a los piratas no se les pagan las sumas que piden, dejarán de actuar, porque solo lo hacen por dinero". Vieja cuestión que afecta a todos los secuestros y que ha sido largamente debatida en todo el mundo sin llegar a conclusiones definitivas.
Desde Gurgaon (India) se propone atacar desde el aire al buque secuestrado, con gases somníferos. Al despertar, unos lo harían en un hospital, atendidos por el médico, y otros en su celda, esposados y encadenados. No se explica, sin embargo, cómo se identificarían los piratas entre los tripulantes antes de que unos y otros recuperaran la conciencia. Fiarse solo del color de la piel o de la vestimenta parece un método poco preciso.
Hay quien plantea utilizar "yates-cebo", es decir, lujosas embarcaciones ocupadas por soldados bien armados, en vez de magnates de la elite internacional, que destruirían a los piratas en cuanto estos subieran a bordo creyendo que se apoderaban de una presa muy valiosa.
Otros, con acierto, miran más allá de los simples actos de piratería. Desde Nottingham (Reino Unido) se indica que el origen del problema está en la destrucción de la sociedad somalí. "La mayoría de los piratas son gente normal, con familias. Recurren a la piratería porque su situación es desesperada y las bandas de piratas les ofrecen ganancias fáciles y rápidas". Su conclusión es que cuantas más armas se hagan intervenir para resolver el problema, la situación social empeorará, la piratería echará raíces más profundas y desarrollará procedimientos cada vez más resistentes a la protección armada.
Para concluir, desde Port Sudan (Sudán) un lector toma la lucha contra la piratería como un enfrentamiento deportivo, pero con inocultables raíces históricas. Desde su posición, cercana al conflicto, observa que los pueblos de los países costeros ven la aparición de unidades navales extranjeras, sobre todo las de EEUU, como una nueva intromisión colonial de Occidente, lo que hace que no sean pocos "los que desean que ganen los piratas".
El problema es más complejo de lo que se estima habitualmente, y la piratería no es sino el síntoma de unas condiciones políticas, sociales y económicas cada vez más insostenibles. Como ocurre con frecuencia, aliviar los síntomas no curará la enfermedad. Y atacar ésta a fondo requeriría otra mentalidad, muchos recursos de distinto tipo a los ahora utilizados y adoptar unos puntos de vista "altermundistas" que no gozan hoy del aprecio de los poderes públicos mundiales.
* General de Artillería en la Reserva
