El primer ministro checo, que se refirió brevemente a la situación política en su país al comienzo del debate, insistió en que la crisis de su Ejecutivo "no tendrá impacto" en la Presidencia de la UE. Ése fue precisamente el deseo que expresó el presidente del PE, Hans-Gert Pöttering, que dijo apoyar al primer ministro "en su labor a fin de que la Presidencia checa de la UE se vea coronada por el éxito".
"Quisiera alentar al presidente a que en su país se continúen desplegando esfuerzos para la ratificación del Tratado", señaló Pöttering, quien confió en que "se puedan ultimar todos los detalles para que el Tratado pueda entrar en vigor en 2010".
El futuro de la reforma institucional de la UE, pendiente de la ratificación por parte del Senado checo y de un nuevo referéndum en Irlanda, es la principal preocupación en el PE tras la caída del Gobierno de Topolanek. En su segundo turno de intervención, Topolanek trató de tranquilizar a los eurodiputados y aseguró que desplegará "todos los esfuerzo necesarios para cumplir" con sus "compromisos". "Ya hubo cambios de Gobierno en otras presidencias europeas. Yo no veo todo tan negro", señaló. Sin embargo, aseguró que la responsabilidad en lo referente al Tratado no está en sus manos, sino en las de Jiri Paroubek, el líder socialdemócrata de la oposición.
Frente a la calma que trató de insuflar en los 27 Topolanek, el viceprimer ministro checo, Alexandr Vondra, aseguró que la crisis política en su país "complica" la ratificación del Tratado de Lisboa y advirtió de que su aprobación en el Senado de Praga "no va a ser fácil". En una rueda de prensa tras intervenir ante el pleno del Parlamento Europeo, Vondra aseguró que el proceso de ratificación "continuará" en la República Checa, pero no quiso "especular" sobre el impacto que la moción de censura aprobada ayer contra el Gobierno puede tener al respecto. "Esperamos la votación en el Senado y sabemos que la situación no va a ser fácil", admitió, al tiempo que reiteró que el Ejecutivo va a hacer "todo lo posible para cumplir con sus compromisos".
Lento progreso en la ratificación
Aunque las crisis políticas en países que ejercen la presidencia comunitaria no son nuevas, en este caso tiene una dimensión mucho más importante porque el Senado checo aún no ha ratificado el Tratado de Lisboa. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, urgió este miércoles "a todos los líderes políticos del país a no tomar como rehén el Tratado de Lisboa de un conflicto de política interna". "Espero realmente que la situación nacional no ponga en dificultad el trabajo de todos los Veintisiete", advirtió Barroso en una conferencia de prensa en la sede de la Eurocámara de Estrasburgo tras un debate sobre la última cumbre de la UE.
Fuentes diplomáticas resaltaron que la Presidencia checa estaba siendo "débil" y con "poca credibilidad" ya antes de esta crisis, pero recalcaron que lo importante para la UE es sacar adelante el Tratado, que incluye una amplia reforma de las instituciones comunitarias.
En las últimas cumbres, añadieron las fuentes, al discutirse los planes irlandeses para un segundo referéndum de ratificación del Tratado se ha insistido repetidamente a los responsables checos en que ellos también debían ratificar el texto, en una alusión a sus escasos progresos. El proceso en el Parlamento de Praga ha avanzado muy lentamente, ya que la Cámara Baja no lo aprobó hasta el pasado 18 de febrero y el Senado aún no ha comenzado el debate, que además se ha enredado con el futuro del plan de EEUU para ubicar elementos del escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.
Dimisión
El primer ministro de la República Checa presentará formalmente el jueves en Praga la dimisión de su Gobierno de coalición de centro derecha. Antes de poner a disposición su cargo al jefe del Estado, "es necesario que se reúna el Ejecutivo, acto previsto para el jueves", por lo que sólo después el primer ministro presentará formalmente su dimisión al presidente, Vaclav Klaus, según informó la portavoz gubernamental.
Klaus dijo que la caída de la coalición, formada por conservadores, democristianos y verdes, "no supone ningún retroceso en el desarrollo democrático iniciado en 1989". "Acepto con respeto la decisión de la asamblea de diputados", afirmó Klaus, y añadió que "la caída del Gobierno no es algo desconocido y, en un sistema constitucional que funciona plenamente, no se trata de algo catastrófico".
Después de ese trámite, Klaus deberá encargar al futuro primer ministro la formación del nuevo Gobierno, que deberá ser nombrado a su vez por el jefe del Estado y obtener la investidura en el Parlamento en un plazo máximo de treinta días. En caso de que fracase la investidura, Klaus dispondrá de un segundo intento, y si éste también fracasa, el nombramiento del primer ministro se hará a sugerencia del jefe del Congreso, el socialdemócrata Miroslav Vlcek.
