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Picasso, Jack el Destripador y Sherlock Holmes coinciden en la Barcelona de finales del XIX

Esteban Martín, que saltó a la fama con La clave Gaudí, escrita junto a Andreu Font, vuelve a elegir como escenario de su segunda novela a la Ciudad Condal, donde sitúa la trama del libro El pintor de sombras (Plaza & Janés). A finales del siglo XIX, el autor nos presenta a un joven Picasso, que busca en las calles de Barcelona una nueva forma de pintar que rompa con todos los estilos conocidos. A lo largo de ese camino, el artista se enfrentará a dos personajes radicalmente opuestos... El escritor ha explicado a ESTRELLA DIGITAL los detalles de esta historia, llena de guiños literarios y cinematográficos, que supone su primera novela en solitario y que une a dos personajes históricos -Picasso y Jack el Destripador- con uno de ficción literaria, Sherlock Holmes.

ESTHER GINÉS, MADRID. 26/02/2009 | 14:47 h.

¿De dónde surge la idea para un libro como este, protagonizado por un pintor tan importante como Picasso?

nace en el mismo momento en que vi cómo nacía un museo. Tenía siete años y estudiaba en la ahora desaparecida Academia Montcada, situada en la calle del mismo nombre, y a escasos veinte metros de donde se abrió el Museo Picasso. Diez años después, en abril de 1973, me enteraba por la radio de que Picasso había muerto.

Para mí, Picasso era tan famoso como los Beatles, un hombre muy anciano, que venía de otro siglo, que lo había pintado casi todo y que, a mi parecer, había vivido eternamente. Ese aspecto de Picasso, su longevidad, siempre me impresionó. Creo que todo esto fue el germen de la novela.

De nuevo, al igual que en La clave Gaudí, aparece la figura central de Barcelona... ¿cómo es la Ciudad Condal de este libro?

Nací en la Barceloneta y pasé mi infancia en muchos de los escenarios habitados por Picasso. Él llega a Barcelona con trece años y se encuentra con una gran ciudad industrial, pero también con una gran miseria, movimientos de izquierda, bombas, anarquismo, con soldados vestidos de ralladito que habían perdido la guerra de Cuba y abandonados de la mano de Dios.

Al mismo tiempo, hay una gran efervescencia cultural, una gran vida bohemia y una burguesía ilustrada orgullosa de sus logros y que domina la ciudad. Y, no nos olvidemos, una importante colonia extranjera como los Noble o los Witty, que contribuyeron al florecimiento industrial, cultural y deportivo de la ciudad.

¿Qué le llama la atención al protagonista de la novela?

Lo que realmente me preocupaba era la Barcelona que vio Picasso, y todo eso está en sus cuadernos y dibujos de esos primeros años cuando, junto con Pallarés, recorrían la ciudad, dibujando cuanto veían: preferentemente la Barcelona miserable, bohemia y trabajadora; la calle, sus gentes y oficios es uno de los grandes temas de un joven de catorce años que llega por primera vez a una gran ciudad.

Ahí está el germen que no sólo dará lugar a la época Azul: seres desamparados, ciegos, prostitutas, jóvenes, viejos, paseantes, mendigos, burgueses y obreros que llenan el espacio urbano, sino también temas que, a lo largo de su vida, desarrollará en cada una de sus etapas pictóricas: el abrazo, el retrato, el beso, la maternidad. Todo eso, junto con las tabernas, la vida bohemia, los locales, los prostíbulos, los cafés concierto, forman el ambiente de El pintor de sombras.

¿Qué encontrarán los lectores que se acerquen a este libro?

Encontrarán, por ejemplo, intriga, asesinatos, arte... En Barcelona se empiezan a producir asesinatos de prostitutas de la calle Avinyó y todas las pistas que encuentra la policía señalan al joven Picasso, que se mueve por ese mundo y que tiene retratos de las víctimas. Sólo Arrow, un detective de Scotland Yard recién llegado a la ciudad, ve en los crímenes la marca de un asesino que nunca logró atrapar: Jack el Destripador.

El Picasso que aparece en la novela, ¿está más cerca de la invención o del personaje histórico?

Mi personaje aún no es Picasso. Es un niño de trece años que, al final de la novela está a punto de cumplir diecinueve. Tuve que empaparme del personaje hasta el último día de su vida para dar con ese joven generoso, de temperamento atormentado, complejo, susceptible, reservado, dominante, desmesurado. Con el joven que aparece en sus primeros dibujos, acometido por la desesperación, que contempla la vida desde un ángulo pesimista y oscuro que le inclina a denunciar las miserias. Y también el espíritu de un joven que admira a su padre, que desea aprenderlo todo de él, que, desde los once años, dibuja como Rafael y que sabe que puede pintar y dibujar como quiera. Un joven que está buscando y que finalmente ya no lo hará más porque, como dijo en una ocasión: "Yo no busco, encuentro".

¿Cómo fue la labor de documentación?

Para documentarme empecé por releer una antigua biografía de Patrick O' Brian publicada por Noguer en 1976. Luego a Daix, Pierre Cabanne, Alexandre Cirici, Enric Jardí, Claustre Rafart i Planes, Corredor Matheos y , por supuesto, a Palau y Fabre entre muchos otros. Lo que no hice fue leer la biografía de Françoise Gilot y de Sabartés, para no verme mediatizado por sus visiones del personaje. Y tampoco he visto, por la misma razón, películas como Sobrevivir a Picasso.

Usted siente cierta fascinación por el personaje. ¿Es este libro un pequeño homenaje a él?

Si bien es cierto que siempre he sentido una total fascinación por un hombre que fue capaz de legarnos 30.000 obras, no sé si es un homenaje. Por momentos mi pretensión ha sido la misma que dice Juan Marsé en el prólogo de Si te dicen que caí, cuando le preguntaban: "¿Qué se proponía usted al escribir esta novela" Y él contestó: "Terminarla cuanto antes".

Si hablamos de homenajes, debo decir, que también lo es al cine: hay mucho cine en el libro e invito al lector a descubrirlo, sobre todo a la excelente película, un tanto olvidada: Asesinato por decreto, de Bob Clark y donde James Mason borda el papel de Watson. También a los hermanos Hugues y su estupenda película Desde el infierno. Sin olvidar a Sherlock Holmes y sus sesenta relatos del canon que, en todo momento, salpican la trama de mi novela. No soy un holmesiano de pro, pero invito a todos ellos a que busquen y encuentren.

¿Qué papel juegan en la novela Las señoritas de Aviñón?

Un papel fundamental. Es el verdadero MacGuffin del libro. El cuadro mueve la historia hasta el final. Fue una de las preguntas importantes que me hice antes de empezar a trazar la trama: ¿Qué mueve a un joven pintor de veinticuatro años, que empieza a triunfar en París con su Época Rosa, a vender, a ganar dinero, a ser reconocido, a encerrarse durante nueve meses para pintar un solo cuadro?

Yo tenía que dar una respuesta literaria, por supuesto. Todo el mundo sabe, o está muy aceptado, que fue su competencia con Matisse, quien, en aquel momento era el pintor más innovador y estaba empezando a abrir nuevos caminos.

Entonces, en el otoño de 1906 se encierra en su estudio y durante nueve meses pinta 809 estudios previos, casi una veintena de cuadernos, una primera composición en acuarela con siete personajes en una atmósfera de burdel. En un segundo esbozo, reduce las figuras a cinco. Y no es hasta julio de 1907 cuando termina el cuadro definitivo.

En la historia del arte no se conoce ningún otro cuadro que haya sido preparado con tanta dedicación. Y la pregunta que me hice es ¿Por qué?.

¿Y qué tenemos con las Señoritas de Aviñón? Un punto de no retorno. El cuadro no sólo marca el comienzo de algo nuevo, sino el punto final de una larga evolución. Picasso guardó el cuadro durante diez años. Su intención no era escandalizar, sino hacer algo nuevo.

¿Por qué Picasso pinta la obra más revolucionaria del siglo XX con un motivo de su época de Barcelona, un burdel?

Eso es lo que explica la novela. Picasso vivió durante algunas semanas en un burdel. Allí conoció a cinco chicas, a un misterioso marinero y a un asesino en serie. El crimen y el misterio estaban servidos.

La novela une a un genio del arte con dos de los personajes más literarios que existen: Sherlock Holmes y Jack el Destripador. ¿Cómo ha sido trabajar con dos personas que de verdad existieron y una tercera que no lo fue pero que casi podríamos decir que existió?

Como dije al principio, uno de los aspectos que me sorprendían de Picasso fue su longevidad. Cuando Picasso murió, hacía cinco años que habíamos llegado a la luna; pero cuando nació -en 1881 -, los coches eran tirados por caballos y en Inglaterra, Jack el Destripador aún tardaría siete años en empezar a matar salvajemente.

Fue esa longevidad lo que me incitó y me permitió unir a dos personajes históricos y a un tercero de ficción: Picasso, Jack el Destripador y al detective más famoso de todos los tiempos, obsesionado durante años en atrapar a una bestia tan sanguinaria.

Algunos ripperólogos creen que Jack viajó a Estados Unidos... ¿Por qué no a Barcelona, pensé? ¿Qué pasaría si Jack el Destripador y Picasso, dos personalidades tan atractivas y que han suscitado tantas controversias, se hubieran encontrado? ¿Cómo sería su enfrentamiento con el monstruo y por qué? De eso va esta historia.

Entonces, podría decirse que la trama se centra en el encuentro de Jack el Destripador y Picasso

Lo que ocurre y lo que se cuenta son los años de infancia y adolescencia de un genio, Picasso, y su enfrentamiento con un monstruo, Jack el Destripador, y la transformación que se produce en el chico a raíz de dicho enfrentamiento. Una lucha entre dos fuerzas muy poderosas: un genio del mal en la cumbre de su arte y que destroza a unas pobres chicas, las deforma y mutila horriblemente, y un genio del arte en el inicio de su carrera obsesionado también por la forma.

Y la génesis de una obra como un cúmulo de destrucciones: el cubismo, que se inicia con Las señoritas de Aviñón, cinco prostitutas que podrían haber sido víctimas de Jack el Destripador.

¿Qué es lo más difícil de resolver a la hora de construir una novela como la suya, en la que personajes reales e inventados caminan de la mano? ¿Se corre el riesgo de crear algo inverosímil?

Sí se corre ese riesgo. Yo he tratado de ser lo más riguroso posible a lo que está documentado. Pero en la historia siempre hay zonas de especulación. A los historiadores les toca ofrecer interpretaciones verosímiles y a los novelistas, quizá, ofrecer juegos verosímiles.

Por otro lado, me divierto mucho con mi trabajo y me lo tomo muy en serio porque siempre quise que la escritura fuera mi profesión, ganarme la vida con ello. Gracias al éxito de La clave Gaudí he podido dedicarme exclusivamente a esta historia, ver día a día cómo todo iba cobrando vida.

Otra figura que aparece en el libro y que existió fue el detective Arrow. ¿Cuál es su papel en la obra?

Arrow fue un detective de Scotland Yard contratado por la policía de Barcelona para luchar contra el terrorismo anarquista, a principios del s. XX. Esto es rigurosamente real y se puede encontrar en hemerotecas de la época. Por aquel entonces en Barcelona se representaba en el teatro Principal una obra sobre Sherlock Holmes, que ya era el famoso detective de ficción, y de alguna manera, se creó la expectativa de que este Arrow fuera una especie de Holmes. No ocurrió así.

Al parecer Arrow no cumplió las expectativas de la ciudad en su lucha contra los anarquistas y las bombas con las que sembraban la ciudad. A partir de aquí, se me ocurrió retrasar la fecha de su llegada a Barcelona y convertirlo en el antecesor del más famoso detective de todos los tiempos: Sherlock Holmes. Mi personaje, Steven Arrow, no tiene nada que ver con Charles John Arrow, la persona real, ni tampoco lo pretendo.

Al lector holmesiano no se le escaparán los guiños a Estudio en Escarlata y otros relatos de Holmes. Les invito a descubrirlos porque forman parte del juego literario de esta novela.

Además de misterio, arte y asesinatos, en la obra también hay amor...

Sí, está Carmen, una pobre planchadora de la calle Montcada que terminará en la prostitución y que es el gran amor de dos hombres completamente diferentes.

El del joven Picasso: un amor joven, posesivo, pasional. Picasso la pintará poco después, en 1904. Uno de los cuadros más hermosos y trágicos de su Época Azul. Y el amor de un hombre que ya no cumplirá los cuarenta años: el del detective Steven Arrow. Un amor desinteresado y adulto. Sería un gran papel para un buen actor.

ESTHER GINÉS, MADRID. 26/02/2009 | 14:47 h.

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