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Los inviernos holandeses de Hendrick Avercamp, en la National Gallery de Washington

La National Gallery of Art de Washington expone por primera vez una monografía de Hendrick Avercamp, pintor de paisajes invernales que, observados con detalle, se convierten en el espejo de la sociedad holandesa del siglo XVII. Vestidos de lujo o con harapos, todos los persoajes de los cuadros se encuentran en ese escenario compartido que recuerda la felicidad del primer día de una nevada, según el comisario de la exposición, Arthur Wheelock.

Susana Irles/Efe, Washington. 22/03/2010 | 14:30 h.

La muestra, titulada La Pequeña Edad de Hielo, podrá verse desde el 21 de marzo hasta el 5 de julio en el museo washingtoniano y es la segunda y última localización donde se desplazará después de su apertura en otoño en el museo Rijks de Amsterdam (Holanda).

En las catorce pinturas y dieciséis dibujos expuestos, cielos grises y pesados se posan sobre escenas costumbristas de personajes que ríen cuando caen sobre el hielo, que se cogen de la mano enamorados o que reflexionan solos y apartados.

Vistas desde la distancia, las obras atrapan el frío vaporoso y las duras condiciones de vida de una época, desde el siglo XIV hasta mediados del XIX, en la que el hemisferio norte sufrió duros inviernos como consecuencia de un cambio climático conocido precisamente como la pequeña edad de hielo. Pero desde cerca, el cuadro se descompone en mil escenas y en pequeñas historias. El detalle minucioso de los atuendos, de los rostros, de la relación de los personajes revela su clase, su condición, sus vidas.

Unos se visten con distinción y lujo, y otros con harapos, unos ríen y otros callan, pero todos se encuentran en ese escenario compartido que recuerda la felicidad del primer día de una nevada, según el comisario de la exposición, Arthur Wheelock.

El comisario afirma que todo tipo de personas se reúnen sobre el hielo, era un lugar de reunión, un lugar donde las reglas de la sociedad no eran las mismas que sobre la tierra. Y creo que Avercamp captura ese sentimiento en sus trabajos. Ves distintas clases sociales juntas, las ves mirándose, reflexionando, a veces comunicándose... Es un mundo que no ves en otra parte del arte holandés", aseguró a EFE el experto. Esa mirada atenta y reflexiva podría atribuirse a su personalidad e incluso a sus discapacidades. El pintor era conocido como el mudo de Kampen, la ciudad donde vivía, y los historiadores creen que también era sordo.

Predecesores del holandés

Para el comisario, esas barreras lo convierten en un gran observador de la humanidad, que miraba con más cuidado, que observaba y que veía cómo la gente se relaciona, un punto de vista incomparable a ningún otro artista holandés. A través de esa obsesión por captar, emergen miles de historias y anécdotas simpáticas, como en Jugadores de Colf, una estampa sobre jugadores de un deporte predecesor del golf observados por un niño mal vestido, o en Una escena sobre el hielo cerca de Brewery, donde varias mujeres se resbalan y muestran sus partes íntimas.

Paisajes invernales como éstos son, desde Avercamp, un tema repetido en el arte holandés. Alejado del círculo de artistas de Amsterdam, él fue uno de los primeros en atender esa especialidad artística y concentrarse en ella durante toda su carrera.

Pero hubo predecesores como las pinturas de Pieter Bruegel El Viejo, un maestro del siglo XVI y el primero en pintar paisajes invernales de manera independiente. Él fue quien influyó al círculo de artistas flamencos, del que Avercamp aprendió y reflejó su tradición cuando vivió en Amsterdam, como en Una escena de invierno con patinadores cerca del castillo, de 1608-1609.

En las siguientes décadas, sus obras se alejaron de estas descripciones de colores brillantes, árboles estilizados y un castillo al fondo. Este formato clásico flamenco se diluyó cuando él mismo se desplazó a Kampan.

Allí sus composiciones se concentraron en ese universo de personajes que patinan y el artista se convirtió en un símbolo de la pintura invernal, asegura Wheelock. A parte de las pinturas y de románticos dibujos, la muestra se acompaña con patines clásicos e incluso las cabezas de los palos de colf de la época que quedaron atrapados en el fondo de las aguas de Holanda y fueron rescatados más tarde.

Susana Irles/Efe, Washington. 22/03/2010 | 14:30 h.

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