"Comprendemos que una solidaridad automática no sea posible. Los tratados la han apartado. Sin embargo, sólo una ayuda sometida a la más estricta condicionalidad puede salvar a Grecia frente a si misma., preservar la zona euro y detener el mal antes de que se propague. Ahí está la prueba de que la Europa de después de la crisis necesita una 'gobernanza económica' que Francia reclama en vano desde hace muchísimo tiempo. El nuevo presidente de la Unión, Herman Van Rompuy, tuvo el mérito de convocar la Cumbre informal del jueves. Ahora tiene que hacer su entrada en la escena con éxito. Si puede dirigir a los Veintisiete hacia la vía de la estabilidad financiera, podremos estar satisfechos por el tratado de Lisboa".
